DISCIPLINAS
E INTERDISCIPLINARIEDAD: EL ESPACIO RELACIONAL
Y POLIVALENTE DE LOS CONTENIDOS DE LA DIDÁCTICA
DE LAS CIENCIAS SOCIALES
Joaquim
Prats
Catedrático de la Universidad de Barcelona
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Uno de los déficit
para la configuración de una teoría
didáctica en nuestra área es la
no existencia de una reflexión, suficientemente
contrastada, de los contenidos y objetivos generales
relacionados con la enseñanza del conjunto
de las Ciencias de las Sociales. Es cierto que,
en lo que se refiere específicamente a
la Historia, la Geografía y, en menor medida,
la Historia del Arte, se ha publicado bastante
y se han realizado propuestas muy variadas. Pero
la mayor parte de estas aportaciones parten, en
unos casos, de una visión excesivamente
disciplinar. En los últimos años,
se han impuesto, en algunos ambientes, otro tipo
de perspectiva ligada a una de las corrientes
de la psicología cognitiva que han provocado
efectos nada útiles para poder realizar
una correcta formulación de objetivos y
contenidos, al distraer el debate didáctico
de la compleja configuración: el tratamiento
de todos los aspectos educativos en sentido amplio
(pedagógicos, sociológicos y también
psicológicos), por un lado y, por otro,
los que proceden de la estructura del conocimiento
de las ciencias que se pretenden enseñar.
Dada esta situación,
hemos pretendido en el presente artículo
expresar un conjunto de reflexiones ligadas exclusivamente
los contenidos conceptuales de las Ciencias Sociales,
siendo consciente que uno de los elementos que
merece refleción es la configuración
de los actuales contenidos sociales que, cada
vez más, son más difíciles
de conocer a través de las clásicas
disciplinas académicas.
Una encrucijada
conceptual
Interesarse por
la Didáctica de las Ciencias Sociales implica
introducirse en un tipo de análisis de
la realidad educativa de características
peculiares. Supone la interrelación de
diversos niveles, un conjunto de variables, hipótesis,
modelos y teorías de difícil articulación,
ya que proceden de diversas disciplinas académicas,
algunas con poca tradición interdisciplinar.
Supone un esfuerzo de construcción teórica
considerable si tenemos en consideración
lo reciente del status universitario del área
y la bisoñez que posee el cuerpo de conocimientos
teóricos de cierta estabilidad relativos
a esta didáctica específica. Todo
ello, teniendo en cuenta la evidente proyección
práctica del saber, aplicable en innumerables
contextos, no solo educativos sino también
sociales y culturales.
No se puede separar
la Didáctica de las Ciencias Sociales como
ámbito de conocimiento científico,
de la Didáctica de las Ciencias Sociales
como ámbito de actividades de enseñanza/aprendizaje,
y su correspondiente plasmación en materia
académica. Cuando se definen y explicitan
previamente la naturaleza y funciones del área
como espacio de conocimiento, su configuración
resulta más comprensible. Se trata de trasladar
lo que consideramos que son los objetivos fundamentales
del área como ámbito de estudio
a objetivos didácticos.
Dicho de otro
modo, si la Didáctica de las Ciencias Sociales
debe desvelar las relaciones entre contenidos
de conocimiento histórico-sociales y su
aprendizaje e incorporación a la configuración
intelectual y actitudinal de los alumnos, el objetivo
didáctico será que los estudiantes
sean capaces de establecer las relaciones que
se dan entre estos ámbitos, en suma, la
puesta en contacto entre el conjunto de conocimientos
que determinan saberes, actitudes, valores y comportamientos,
y su transposición y reformulación
en cada individuo. Si en su objeto de estudio
aparecen distintos niveles de concreción,
su plasmación práctica tendrá,
entre sus objetivos, el conocimiento de esos niveles
y las relaciones que se establecen entre ellos,
etc. Por esta razón, al diseñar
los diferentes ámbitos de aprendizaje,
tendremos que determinar qué objetivos
son posibles.
La Didáctica
de las Ciencias Sociales es por excelencia un
lugar de interacciones, una realidad cruzada de
múltiples dimensiones. Exige poner constantemente
en práctica la capacidad para analizar,
planificar, crear, evaluar, comunicar, etc, en
definitiva, relacionar elementos y ámbitos
para conseguir ofrecer instrumentos eficaces,
generar dinámicas creativas e interesantes
para los alumnos, y conseguir aprendizajes pertinentes
y significativos. Todo ello conforma un espacio
de reflexión que se sitúa en una
encrucijada conceptual. Por ello, es un paso previo
a la construcción de cualquier marco teórico,
la reflexión y la clarificación
sobre lo que denominaremos: contenidos de las
Ciencias Sociales
La definición
de un espacio relacional.
El concepto de
"contenido" de la Didáctica de las Ciencias
Sociales encierra un importante equívoco,
heredado del carácter estático del
término. No nos parece posible delimitar
una actividad en torno a una serie de contenidos
sino en torno a una serie de funciones que deben
establecerse de modo abierto. Por ello, los contenidos
deben considerarse "funciones que actúan
en un campo". Esto es, como direcciones que
delimitan el campo en el que ellas actúan.
Ello supone acotar los contenidos del área
de un modo semejante a como se establecen los
conceptos en cibernética: de un modo autorregulado.
Es decir, si se logra identificar de un
modo satisfactorio un conjunto de funciones (que,
obviamente, incluyen contenidos entre sus rasgos),
se establecerá un espacio de funciones
propio que es el que debe caracterizar el núcleo
esencial de los contenidos. Tal
espacio de funciones permite caracterizar, de
un modo eficaz -y, sobre todo, de un modo dinámico-
el contenido de la Didáctica de las Ciencias
Sociales en un ámbito tan amplio como es
el de las Ciencias Sociales. Tal planteamiento,
que toma su origen en el análisis funcional,
no se encuentra muy alejado de la más interesante
versión, desde mi punto de vista, de la
denominada "enseñanza-aprendizaje", que
es considerada según un modelo de "feed-back"
o retroalimentación cibernética.
En la enseñanza/aprendizaje los
contenidos se establecen como una relación,
y lo que se desea enseñar, como un conjunto
de relaciones funcionales.
Es importante
destacar la sustantividad del contenido de la
Didáctica de las Ciencias Sociales, que
no es otro que el de procesar adecuadamente -en
una relación pedagógica- los resultados
de las Ciencias Sociales conformadas académicamente
(por ejemplo: el tiempo histórico, el espacio
geográfico, las interacciones sociales,
las comunicaciones o transacciones económicas,
la organización del poder político).
En cualquier caso, la precisión de la Didáctica
de las Ciencias Sociales debe partir de la constitución
de un núcleo determinado de contenidos,
prácticas, rutinas de observación
que se encuentran ya especificadas en los métodos
de investigación de las más consolidadas
ciencias. Con ello se advierte que la Didáctica
de las Ciencias Sociales posee un compromiso previo:
es fundamental que el profesorado conozca las
rutinas y la disciplina propia de todas o algunas
de las Ciencias que debe enseñar.
La novedad que
puede introducir la Didáctica de las Ciencias
Sociales -siempre expresada, como veremos, en
un campo de relaciones funcionales- estriba en
la interconexión propia que el profesor
puede establecer entre las metodologías
propias de cada disciplina integrada en el área.
Es esta interconexión la que debe ser objeto
de formación y el núcleo sobre el
que incide la actividad teórica y práctica,
así como la determinación de muchos
de sus contenidos. Pero, como tal,
la interconexión supone respetar la sustantividad
de cada una de las Ciencias Sociales. Sin esta
sustantividad no es posible establecer las relaciones
específicas que constituyen los contenidos
de nuestra acción didáctica, ya
que si no fuese así, estas relaciones tendrían
un carácter vacío.
Es evidente que la determinación de los
contenidos del área se fundamenta en una
actividad constructiva, pero toda posible construcción
se deriva del espacio propio constituido por las
interrelaciones provocadas por la fuerza -siempre
substantiva- de las diferentes disciplinas que
la didáctica específica debe reflejar(1).
El campo
relacional de las Ciencias Sociales como contenido
de la Didáctica de las Ciencias Sociales.
Como acabamos
de indicar, un primer nivel de descripción
de los contenidos del área ha de tener
en cuenta las interacciones establecidas entre
las Ciencias Sociales como objeto de enseñanza-aprendizaje
y, por lo tanto, como núcleo constitutivo
de la Didáctica de las Ciencias Sociales.
La discusión sobre la especificidad de
las distintas Ciencias Sociales, así como
de sus métodos y técnicas de investigación
no las voy a tratar en este artículo por
ser un tema que merece mucha atención y
espacio. Pero quiero avanzar que, desde mi punto
de vista, se advierte que es necesario mantener
la especificidad y rigor especializado de cada
una de ellas.
Tampoco trataré
en el artículo un elemento central para
basar el aprendizaje de las distintas Ciencias
Sociales, como son las diversas rutinas perceptivas(2)
de son de gran importancia para la didáctica.
Como es sabido, el término "rutina
perceptiva" o "esquema de percepción"
tiene un claro origen kantiano y se encuentra
presente en la evolución de las actuales
neurociencias. Una rutina perceptiva es
un esquema de percepción que condiciona
y conforma el objeto de percepción.
Así, la rutina perceptiva de un historiador
es diferente a la de un antropólogo o la
de un economista. Por ejemplo, gran parte de la
virtualidad de método de enseñanza
de la Historia que adaptamos a España,
Historia 13-16(3),
se basa no sólo en aspectos epistemológicos,
como ha visto muchos de los que no lo han entendido,
sino en lo que podría calificarse de una
rutina perceptiva o un esquema de percepción.
Lo que pretende
aportar este artículo es, sin embargo,
algo más concreto como indicar algunos
núcleos conceptuales que se constituyen
por las interrelaciones que se establecen entre
las diversas Ciencias Sociales. Los núcleos
conceptuales formados por interelaciones constituyen
el marco referencial para establecer los primeros
pasos que definirán los contenidos educativos
de la Didáctica de las Ciencias Sociales.
A continuación señalaré algunos,
sin el propósito de ser exhaustivo y a
título meramente indicativo:
- Observaciones y descripciones
de la sociedad y de las instituciones
sociales en el presente y en el tiempo pasado.
Ello supone el análisis
de las articulaciones, "junturas"
o "puntos de unión" de las estructuras
sociales, y el análisis
de los niveles de modificación
y transformación de la sociedad
y de sus instituciones. Este elemento supone
el estudio del comportamiento
dinámico y procesual
de las formaciones sociales. Es muy importante
destacar el rango dinámico del campo
de las Ciencias Sociales, ya que este carácter
procesual debe ser adoptado también
por la Didáctica de las Ciencias Sociales
- Delimitación
del problema del sujeto
de las formaciones sociales, así como
de su influencia sobre las mismas. Tras ello
se encuentra el problema de las acciones y
sus agentes y, en especial, el problema del
valor y de la perspectiva ética. Tal
perspectiva no debe analizarse de modo exclusivo
pues, tratada así, puede ser una falacia:
es una derivación del problema del
sujeto social que, a su vez, es un problema
central en las Ciencias Sociales.
- Análisis de los
mecanismos y procesos de transformación
o de intervención en la sociedad, con
una especial atención a las cuestiones
derivadas de la dicotomía acción/inacción,
y de la estructura del poder.
- Los procesos de selección,
que establecen peculiares cadenas causales
y obligan a refinar el clásico concepto
de causalidad. Este rasgo, tan
fundamental en el análisis histórico,
es también especialmente importante
en sociología y economía. En
tanto que la economía y la sociología
constituyen paradigmas de análisis
de la sociedad contemporánea. La multicausalidad
y las cadenas causales serán uno de
los elementos esenciales de todo análisis
debidamente refinado de la sociedad.
- Estudio de los niveles
de riesgo como un elemento fundamental
en la estructura de la sociedad. El riesgo
y la inestabilidad se han convertido en un
rasgo esencial de la sociedad contemporánea,
elemento que es analizado -en diferentes perspectivas-
por las Ciencias Sociales. Junto a este elemento
se sitúa el análisis de la tensión
temporal que configura las creaciones
e instituciones sociales. Esta tensión
temporal introduce no sólo el estudio
del pasado sino que sitúa al presente
como centro de referencia y obliga a considerar
problemas de prospectiva.
La prospectiva (o estudio de la planificación
del futuro) es un componente fundamental de
las Ciencias Sociales y va más allá
del problema de la discusión de la
predicción.
- La estructura
de las comunicaciones como componente
social. El complejo campo de la comunicación
produce, cada vez más, la creación
de conceptos sociales de carácter virtual
que, sin estar construidos a través
de la experiencia y la observación,
son eficaces para determinar conductas y percepciones
sociales. Es lo que vengo denominando el problema
didáctico de la realidad
virtual y de la sociedad
virtual. Se trata de un problema
muy reciente, que obliga a considerar el componente
de realidad que posee el mundo "virtual".
Gran parte de las más atrayentes realidades
contemporáneas poseen un carácter
virtual y, sin embargo, ejercen una decisiva
influencia con resultados de evidente realidad(4).
En la didáctica de las Ciencias Sociales
este aspecto juega un papel muy relevante.
Así lo hemos podido comprobar en la
investigación evaluativa que realizamos
al programa educativo Sida Saber Ayuda(5)
- Descripción
de la "civilidad" o
componentes necesarios de la vida social en
común, que resulta esencial en la formación
de las instituciones y productos sociales
y que tiene una evidente influencia en la
conformación de las actitudes y los
valores sociales. Es en esta interrelación
donde debería situarse lo que se viene
denominando educación en valores, en
la medida que forman parte de la comprensión
racional de la "civilidad" y se han formado
como parte integrante de ésta.
Todos los elementos indicados son comunes, entre
otros, a las diferentes Ciencias Sociales que
son el objeto estudio académico y que,
en el caso del área de conocimiento que
tratamos, deben tener su expresión educativa
y su desarrollo didáctico. Es evidente
que existen más. Pero los señalados
bastan para constituir un denominador común
y plantean núcleos problemáticos
de tipo dinámico, susceptible de estudios
posteriores y de una particular maleabilidad.
Este elemento de la plasticidad o maleabilidad
tiene una gran importancia en el caso de la educación.
Sólo se puede enseñar algo que es
realmente maleable. Es decir, algo que
permita una extensión dinámica y
haga posible una creación ulterior a partir
de lo enseñado. Esta exigencia parece especialmente
importante en este momento de la educación,
cuando muchos alumnos aprenden sólo un
conjunto de técnicas y conceptos estáticos
que repiten sin especial conexión con su
contexto y sin convertirlos en base de ulteriores
creaciones personales.
Tras ellos
se encuentran rasgos esenciales de la sociedad
contemporánea, pues entendemos que sólo
teniéndolos dentro de este marco referencial
es posible delimitar el ámbito del contenido
de la Didáctica de las Ciencias Sociales.
Y, lo que es más importante, estos rasgos
permiten realizar el tránsito del llamado
"contexto de justificación" al "contexto
de descubrimiento" de las Ciencias Sociales(6).
Será en el "ámbito del descubrimiento"
que configura las distintas Ciencias Sociales
donde es posible captar un núcleo, suficientemente
preciso, para sentar sobre él una serie
de contenidos de formación. Asimismo, la
precisión de este núcleo permite
identificar el profesorado de Ciencias Sociales,
y distinguirlo adecuadamente como un grupo específico
frente a otros colectivos de profesores. La identificación
de un grupo mediante los núcleos de intereses
y las disciplinas de análisis que posee
el mismo, tiene una gran importancia para trabajar
adecuadamente con él (y sobre él),
lo que debe tenerse en cuenta en el mismo proceso
de formación del profesorado de Didáctica
de las Ciencias Sociales.
La
polivalencia de los contenidos de la Didáctica
de las Ciencias Sociales.
Se expresan,
a continuación, los que consideramos rasgos
esenciales de la polivalencia de los contenidos
relevantes de la Didáctica de las Ciencias
Sociales. Como hemos indicado, es importante insistir
que estos contenidos poseen un carácter
dinámico. Deben ser analizados como procesos
y, en cierta manera, poseen una vida propia. Es
decir, cada uno de ellos puede dar lugar a un
desarrollo independiente y es capaz de originar
una determinada línea de actuación
didáctica. En este sentido, todos ellos
poseen una calificación de esencial polivalencia.
Semejante polivalencia es un rasgo esencial de
la sociedad contemporánea, que no puede
obviar la investigación en Ciencias Sociales.
Tras ella se encuentra la diferencia entre "universo"
y "multiverso"(7),
que encierra una determinada concepción
de la realidad polivalente, multitextual y generadora
de interpretaciones diferentes. Destacaremos ocho
rasgos que definen la mencionada polivalencia:
- Todos estos contenidos
suponen un nivel de segundo grado
respecto al ámbito propio de las Ciencias
Sociales. Es decir,
se derivan de los postulados específicos
de las Ciencias Sociales, respetando la identidad
y la sustantividad de cada una de ellas. En
modo alguno se diluyen en una difusa precisión
del constructivismo vacío tan en boga
en los últimos tiempos.
- Los contenidos se dan
en un proceso de enseñanza-aprendizaje
que pertenece a nuestro tiempo y a nuestra
sociedad. Son, por ello, esencialmente
contemporáneos. Recuérdese,
por ejemplo, el carácter de la historia
como reflexión plenamente contemporánea
de carácter sistemático y sustentado
en teorías interpretativas sobre el
pasado. No debo ocultar mi postura en la que
la Didáctica de las Ciencias Sociales
debe asumir un claro compromiso con la sociedad
de nuestro tiempo, cuestión que dista
mucho de una burda ideologización efectuada
a través de la situación de
prepotencia que tiene el aparato escolar sobre
el alumnado El compromiso a que refiero obliga
a que los contenidos analicen con precisión
algunos de los rasgos más significativos
de la época presente. En especial,
los rasgos de la denominada "sociedad
de la desigualdad", "época de la revolución
del conocimiento"(8)
, "hiperrealidad", "conceptos virtuales"
etc.. Tal atención al presente no hace
sino extender la importancia de la tensión
temporal que configura toda ciencia social.
- Exigen un tarea
fundamental de hermenéutica
e interpretación, que
tiene muchos niveles (analizar, describir
procesos, identificar causas, etc.). Con ello
se rescata el concepto de interpretación
como uno de los rasgos claves de las Ciencias
Sociales, con todos los problemas que tal
término supone y las exigencias de
objetividad que debe comportar. La interpretación
supone, así mismo, un procedimiento
de acercamiento a la teoría. Ello quiere
decir que, independentemente del nivel en
que se enseñe, la selección
de los contenidos y la configuración
de esos contenidos deben situarse, aunque
no se cite ni se aborde, a las teorías
interpretativas que hacen que los datos dejen
de ser datos para ser explicación de
la realidad social.
- Todos los contenidos
forman parte de ese particular proceso autorregulado
en que debe convertirse una situación
educativa: existe entre ellos una relación
de mutua interdependencia,
al tiempo que introducen elementos de corrección
mutua.
- Los contenidos señalados
poseen un importante componente
centrífugo: son núcleos
temáticos que generan, cada uno de
ellos, perspectivas nuevas y problemas ulteriores.
En este sentido, su clausura y su sustantividad
consisten en dar origen a nuevas cuestiones.
Es un rasgo de decisiva importancia a la hora
de crear diferentes situaciones educativas
en la medida que abre puertas a nuevos caminos
de conocimiento y preocupación intelectual.
De este rasgo se desprende una visión
holográfica de la realidad social Estos
contenidos tienen un carácter
holográfico. Dicho de
otra forma, cada uno de ellos posee una autonomía
propia que refleja, al mismo tiempo, el conjunto
de rasgos esenciales de las Ciencias Sociales.
Este rasgo es una consecuencia directa de
la interrelación que preside su constitución.
- Todos estos contenidos
son arriesgados e introducen el
riesgo. Es decir, consideran
la situación educativa como una actividad
dominada por la fragilidad de un orden, constituido
por selecciones determinadas, por una elección
entre diferentes posibilidades. En vez de
hacerlos esencialmente frágiles, este
rasgo de los contenidos les otorga una especial
plasticidad e introduce un componente de posibilidad
extremadamente importante, que lucha contra
toda forma de mecanicismo educativo. Junto
a ello, hace que la concepción de la
Didáctica de las Ciencias Sociales
que defiendo debe de ser una concepción
"desestabilizadora", rasgo fundamental de
una auténtica educación crítica.
Para que un sistema educativo lo sea realmente
debe ser sistema desestablizador(9).
Este rasgo tiene mucha relación con
las teorías contemporáneas del
caos y de las turbulencias.
Como señala Gleick, las estructuras
verdaderamente estables son las que admiten
positivamente la presencia del caos y de la
turbulencia; es decir, las que son capaces
de tratar la inestabilidad. Este planteamiento
tiene obvias implicaciones para considerar
la estructura de un sistema educativo cuya
función es, precisamente, trabajar
con el caos y educar para una sociedad que
comporta evidentes componentes de inestabilidad.
- Los contenidos señalados
atienden a la importancia de la "simulación"(10).
Es decir, crean escenarios de copia o simulación
de situaciones o comportamientos de investigación
en las Ciencias Sociales, para reproducirlos
de modo creativo. La simulación será
a la vez método y contenido específico.
Gran parte de los que hablan de dicen que
introducen la investigación entre las
tareas del alumnado no están haciendo
otra cosa que simular procesos de indagación
e incluso, para alumnos más adultos,
procesos de investigación. Pero mal
puede hacerse la simulación si no se
conoce bien lo que se simula, por lo que los
elementos de la producción del conocimiento
de cada una de las disciplinas debe ser un
elemento básico en la formación
de los docentes(11).
- Un último rasgo es
su carácter de indicación, su
carácter de sugerencia
abierta. Cada uno de ellos "indica"
(nunca agota) una determinada situación
de aprendizaje, que puede ser reforzada y
constituye una situación de creativa
tensión donde se produce el llamado
"acto de enseñanza-aprendizaje". La
actividad que desarrolla la Didáctica
de las Ciencias Sociales en la universidad
consiste, actualmente, en "enseñar"
a profesores que, a su vez, deben "enseñar".
Hay, por lo tanto, un doble nivel de enseñanza
que es necesario considerar.
Esta polivalencia
de los contenidos de la Didáctica de las
Ciencias Sociales constituyen soportes básicos
para generar situaciones de enseñanza-aprendizaje.
De ahí que posean un carácter abierto
y centrífugo. Pero, al mismo tiempo, deben
poseer una estructura interna que permita su propia
independencia y autonomía. Ello quiere
decir que pueden ser formulados en términos
que hagan referencia al proceso de enseñanza-aprendizaje
en la que se integran y que tienen que ver con
los objetivos que deben centrar el currículum
escolar de las diversas etapas educativas. Pero
este paso tampoco se aborda en el presenta artículo.
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