ENSEÑAR HISTORIA Y GEOGRAFÍA. PRINCIPIOS BÁSICOS
Por.
Joaquim Prats y Joan Santacana
Parte de este
escrito forma parte de:
J. Prats y J. Santacana. Ciencias Sociales. En: ENCICLOPEDIA GENERAL DE LA EDUCACIÓN. Barcelona: Océano Grupo Editorial., 1998. (Vol. 3)
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- Índice
INDICE
- 0.REFLEXIONES PRELIMINARES
- 1. ENSEÑAR CIENCIAS SOCIALES
- 1.1. ¿Qué son las Ciencias Sociales?
- 1.2. Las Ciencias Sociales y la educación
- 2. EL VALOR FORMATIVO DE LAS CIENCIAS SOCIALES
- 2.1. La Historia y Geografía como materias formativas
- 2.2. Fines educativos de la Historia
- 2.3. Fines educativos de la Geografía
- 3. LOS OBJETIVOS DIDÁCTICOS DE LAS CIENCIAS SOCIALES.
- 3.1. Los objetivos didácticos de
la Historia.
- 3.2. Objetivos didácticos de la Geografía
- 4. LA ENSEÑANZA Y EL APRENDIZAJE DE LA HISTORIA.
- 4.1. Las dificultades para la enseñanza de la Historia
- 4.2. La enseñanza de la Historia requiere introducirse en el método histórico.
- 4.3. La naturaleza de la Historia y su enseñanza.
- 4.4. Método histórico y el proceso de enseñanza/aprendizaje
- 4.5. Metodología didáctica
- 4.6. El problema del aprendizaje de la causalidad histórica
0.REFLEXIONES
PRELIMINARES
Cómo nos recuerda Durkheim, "la educación
es la acción ejercida por padres y maestros
sobre los niños, pero la pedagogía
consiste no en acciones, sino en técnicas
resultantes de la reflexión que proporcionará
a la actividad del educador unas ideas directrices",
pensamos que los maestros nunca reflexionaran
lo suficiente sobre su tarea pedagógica.
El fracaso de muchos métodos, técnicas
y actividades programadas para la enseñanza
se debe, en buena parte, a la ausencia de reflexión
sistemática sobre la labor educadora. Por
ello, ninguna prescripción didáctica
es útil si no ha sido, previamente, conocida,
entendida, incorporada, reelaborada y aplicada
de manera autónoma por el profesor o profesora.
Por estas razones, las páginas que siguen
no deben ser entendidas como un recetario unívoco
de estrategias didácticas. Deben servir
como orientación general o como sugerencia,
nunca como propuesta dogmática del quehacer
didáctico.
Respecto a lo que se entiende por Ciencias Sociales
en la educación conviene señalar
que no se han enseñado siempre como tales
ciencias en la escuela. No es difícil hallar
países o sectores sociales e individuos
que dudan de la necesidad de introducirlas en
los currícula escolares, respetando su
entidad y su coherencia como área de conocimiento
científico. De hecho, en algunos diseños
curriculares la enseñanza de la Historia
y la Geografía quedan diluidas en un magma
de difícil clasificación y, desde
un enfoque estrictamente científico y desde
la óptica de la propia disciplina, podríamos
plantearnos si lo que se introduce es realmente
contenido histórico o geográfico
o, por el contrario, es contenido meramente ideológico,
periodístico y, en el peor de los casos,
mítico.
En este capítulo se hace una opción
para que los criterios de selección
de los contenidos educativos permitan al alumnado
tener una idea lo más clara posible del
conocimiento histórico y geográfico
considerando su autonomía y entidad como
las principales ciencias estructurantes de los
contenidos sociales. Ello es incompatible, por
un lado, con la memorización simple de
datos o teorías, y por otro, utilizarlas
como saberes auxiliares.
1. ENSEÑAR CIENCIAS
SOCIALES
1.1. ¿Qué son
las Ciencias Sociales?
En los niveles escolares primarios y secundarios
las Ciencias Sociales forman parte del currículum
escolar. Generalmente, bajo esta denominación,
se engloban contenidos relacionados son la Historia,
la Geografía, algo de antropología
y un conglomerado poco definible de cuestiones
relacionadas con la formación cívica,
con la política, la economía y el
turismo académico. Esto quiere decir que
se está usando la denominación Ciencias
Sociales como un cajón de sastre que engloba
contenidos educativos pero que en muchos casos,
no tienen claro su referente disciplinar y, en
otros, mezclan informaciones diversas procedentes
de estas ciencias.
Utilizando la expresión de Chalmers, nos
podemos plantear la siguiente pregunta: ¿qué
es en realidad esa cosa que llamamos Ciencias
Sociales?. Podemos comenzar con una afirmación
de principios: las Ciencias Sociales son una
unidad cimentada en la diversidad. Quiere
decir esto que partimos del axioma de que la realidad
existe objetivamente al margen de nuestra voluntad;
de que una parte de esa realidad global tiene
unas características particulares que son
todas aquellas que se derivan de la presencia
y acción de los seres humanos y a la que
denominamos genéricamente lo social. Creemos
que lo social es un todo objetivo capaz de ser
analizado y explicado unitariamente desde
la diversa contribución de varias disciplinas
(puntos de vista o sensibilidades) según
el tema particular objeto de estudio. De ahí
que nos atrevamos a hablar de Ciencias Sociales
para el estudio de lo social y no de una (única
y exclusiva) ciencia social. La unidad de
la realidad social se estudia desde la diversidad
de las disciplinas concretas sin menoscabar la
primera. La unidad está en el objeto y
la diversidad en los enfoques, en los puntos de
vista.
Es evidente que no todo el conocimiento que los
seres humanos fabrican sobre lo social tiene las
características del conocimiento científico.
Así, por ejemplo, existe un conocimiento
"impresionista" basado en apreciaciones
únicamente fundadas en la experiencia personal.
Se dan también casos de conocimiento ideológico
de la realidad social, fundamentado en consignas
apriorísticas que encajonan la realidad.
Existen, no lo olvidemos, intentos teológicos
y metasociales de explicar la realidad social
a través de fuerzas extraterrenales, como
es el caso de todos los pensamientos de corte
teológico o esotérico.
Pero para que podamos calificar de científico
de un determinado conocimiento, en este caso social,
deberemos tener en cuenta que ese conocimiento
ha tenido un determinado camino para ser construido,
camino que no puede ser otro que el de la aplicación
de un método: el método científico.
Desde esta perspectiva las ciencias de lo social
adquieren toda su potencialidad al asumir una
carta de naturaleza de iguales posibilidades epistemológicas
que las ciencias de la naturaleza, aunque tengan
inconvenientes específicos y propios, como
ocurre también con estas últimas:
las posibilidades son idénticas aunque
las características sean diferentes.
1.2.
Las Ciencias Sociales y la educación
Ahora bien, las explicaciones acientíficas
de lo social aportan muy poco a la educación
y, con frecuencia, han sido potenciadas para conseguir
adoctrinamientos o para crear sentimientos de
adhesión a patrias o personajes históricos.
En estos casos, no podría hablarse de que
educamos a ciudadanos libres y con espíritu
crítico e independencia de criterio, sino
de todo lo contrario.
Es evidente que pocos profesionales de la enseñanza
se plegarían a una utilización irracional
o manipuladora de las ciencias sociales. Pero
en cambio, hay un problema que se detecta con
una cierta frecuencia. Cuanto se incorporan conocimientos
de ciencias sociales a las aulas, se suelen presentar
como conocimientos acabados que el alumnado
no los relaciona precisamente con lo que es propio
de una ciencia. Con frecuencia se consideran solo
materias científicas las naturales o las
físico-matemáticas, mientras que
las materias sociales son percibidas como elementos
de cultura, de curiosidad o de mera repetición
de efemérides o accidentes geográficos.
Esta ausencia de consideración de lo científico
relacionado con lo social, hace que el aprendizaje
de la Historia, la Geografía y otras ciencias
sociales sean vistas por el alumnado como asignaturas
memorísticas, más o menos interesantes,
y que no conllevan actividades discursivas, de
indagación o de resolución de problemas.
Para que las ciencias sociales sean disciplinas
formativas e introduzcan al alumnado en un planteamiento
de aprendizaje que haga descubrir la racionalidad
del análisis social, con todo lo que de
formativo tiene ello, y que la configuración
de su visión de la realidad se puede basar
en aproximaciones científicas a su entorno
social, político y cultural, es imprescindible
que la educación ofrezca una didáctica
de esas disciplinas que consideren la naturaleza
de este tipo de conocimientos.
Pero para que ese conocimiento reúna las
características señaladas, es indispensable
que no se diluya en unas inexistentes Ciencias
Sociales, sino que ese conocimiento venga dado
y configurado escolarmente de manera coherente
con la ciencia social que lo ha producido.
Como se ha señalado en el apartado anterior,
existe lo social como objeto de conocimiento,
pero cada ciencia ofrece una visión específica
que es coherente con un método, también
específico, de alcanzar este conocimiento.
Por esta razón, no hablaremos en esta unidad
de didáctica de las ciencias sociales de
manera genérica, sino de ciencias sociales
específicas que deben ser enseñadas
por su capacidad formativa y que, por ellas mismas,
pueden ofrecer una visión racional del
análisis y la comprensión de lo
social. Las más habituales y, desde nuestro
punto de vista, de mayores posibilidades formativas
han sido, y siguen siendo, la Historia, la Geografía
y, en menor medida, la Antropología.
2.
EL VALOR FORMATIVO DE LAS CIENCIAS SOCIALES
2.1.
La Historia y Geografía como materias formativas
Se discute en ocasiones si es conveniente que
exista la Historia y la Geografía como
materia de aprendizaje en los niveles básicos.
Es evidente que para medir si los contenidos de
la Historia son útiles y necesarios para
los alumnos y alumnas de la enseñanza reglada
habría que plantear previamente si dichos
contenidos responden a alguna de les necesidades
educativas de los destinatarios y si, por otra
parte, están al alcance de sus capacidades.
Desde nuestro punto de vista, tanto una como otra
responden plenamente a las necesidades formativas
de los alumnos y constituyen un componente válido
en un proyecto de educación que no se base,
tan sólo, en la acumulación de información,
sino en el desarrollo de las capacidades de los
niños y adolescentes.
Es evidente que esta afirmación requiere
una cierta matización. Los contenidos de
Historia y Geografía son útiles
en la medida que sean susceptibles de ser manipulados
por los alumnos. Para ello, se tendrá que
tener en cuenta grado de desarrollo cognitivo
propio de cada grupo de edad y, al tiempo, subordinar
la selección de contenidos y los enfoques
didácticos a las necesidades educativas
y capacidades cognitivas de los escolares. Dicho
de otro modo, cada edad requerirá un estadio
diferente de conocimiento histórico y geográfico.
Se deberá proceder partiendo de trabajos
que traten sobre capacidades de dominio de nociones
de tiempo convencional, pasando a dominio de la
situación espacial de objetos, localidades
o unidades geográficas más amplias,
hasta llegar, al final de los ciclos educativos,
a formular análisis y caracterizaciones
sobre épocas históricas o análisis
de paisajes y realidades sociales. Pero es evidente
que no se puede empezar una casa por el tejado
y, por lo tanto, deberá comenzarse a construir
fundamentos y columnas que, a primera vista, poco
tienen que ver con lo que se conoce como conocimiento
histórico y geográfico elaborado,
pero que son, sin duda, la primera aproximación
al conocimiento de una ciencia social.
2.2. Fines educativos de la Historia
En las sociedades contemporáneas la Historia
tiene un papel importante. La Historia es,
más que la maestra de la vida como
la definiera Herodoto, un conocimiento que suele
utilizarse como justificación del presente.
Vivimos en el seno de sociedades que utilizan
la Historia para legitimar las acciones políticas,
culturales y sociales, y ello no constituye ninguna
novedad.
En el presente capítulo no queremos plantear
la utilidad o la utilización de la Historia;
no discutimos esta utilidad del estudio del pasado
entre las sociedades occidentales. Lo que
planteamos es la utilidad del estudio de la Historia
para la formación integral (intelectual,
social y afectiva) de los niños y los adolescentes.
La
presencia de la Historia en la educación
se justifica por muchas y variadas razones. Además
de formar parte de la construcción de cualquier
perspectiva conceptual en el marco de las Ciencias
Sociales, tiene, desde nuestro punto de vista,
un interés propio y autosuficiente como
materia educativa de gran potencialidad formadora.
Entre otras posibilidades, hemos seleccionado
las que siguen. El estudio de la Historia puede
servir en la educación para:
-Facilitar la comprensión del presente, ya que no hay nada en el presente que no pueda ser comprendido mejor a través del pasado. La Historia no tiene la pretensión de ser la "única" disciplina que intenta ayudar a comprender el presente, pero puede afirmase que, con ella, la comprensión del presente cobra mayor riqueza y relevancia.
- Preparar a los alumnos para la vida adulta. La Historia ofrece un marco de referencia para entender los problemas sociales, para situar la importancia de los acontecimientos diarios, para usar críticamente la información, en definitiva, para vivir con la plena conciencia ciudadana.
-Despertar el interés por el pasado,
lo cual indica que la Historia no es sinónimo
de pasado. El pasado es lo que ocurrió,
la Historia es la investigación que explica
y da coherencia a este pasado. Por ello, la Historia
plantea cuestiones fundamentales sobre este pasado
desde el presente, lo que no deja de ser una reflexión
de gran contemporaneidad y, por lo tanto, susceptible
de compromiso.
-Potenciar en los niños y adolescentes
un sentido de identidad. Tener una
conciencia de los orígenes significa
que cuando sean adultos podrán compartir
valores, costumbres, ideas, etc. Esta cuestión
es fácilmente manipulable desde ópticas
y exageraciones nacionalistas. Nuestra concepción
de la educación no puede llevar a la exclusión
o al sectarismo, por lo que la propia identidad
siempre cobrará su positiva dimensión
en la medida que movilice hacia la mejor comprensión
de lo distinto, lo que equivale a hablar de valores
de tolerancia y de valoración de lo diferente.
-Ayudar
a los alumnos en la comprensión de sus
propias raíces culturales y de la
herencia común. Este aspecto va íntimamente
ligado al punto anterior. No se puede imponer
una cultura estándar ni uniforme en el
ámbito planetario a los jóvenes
de una sociedad tan diversa culturalmente como
la actual. Sin embargo, es bien cierto que
compartimos una gran parte de la cultura común.
Es necesario colocar esta "herencia"
en su justo contexto.
-Contribuir al conocimiento
y comprensión de otros países y
culturas del mundo de hoy. En definitiva,
la Historia ha de ser un instrumento para ayudar
a valorar a los "demás". Países
como los nuestros, que han vivido aislados por
razones históricas y políticas,
deben contrarrestar esta situación fomentando
la comprensión hacia otras sociedades vecinas
o exóticas.
-Contribuir a desarrollar
las facultades de la mente mediante un estudio
disciplinado, ya que la Historia depende en
gran medida de la investigación rigurosa
y sistemática. El conocimiento histórico
es una disciplina para la formación de
ideas sobre los hechos humanos, lo que permite
la formulación de opiniones y análisis
sobre las cosas mucho más estrictos y racionales.
El proceso que lleva a ello es un excelente ejercicio
intelectual.
-Introducir a los alumnos
en el conocimiento y dominio de una metodología
rigurosa propia de los Historiadores.
Las habilidades que se requieren para reconstruir
el pasado pueden ser útiles para la formación
del alumno. El método histórico,
como se verá más adelante, puede
ser simulado en el ámbito didáctico,
lo que supone el entrenamiento en la capacidad
de análisis, inferencia, formulación
de hipótesis, etc.
-Enriquecer otras áreas del currículum,
ya que el alcance de la Historia es inmenso; trata
de organizar "todo" el pasado y, por
lo tanto, su estudio sirve para fortalecer otras
ramas del conocimiento; es útil para
la literatura, para la filosofía, para
el conocimiento del progreso científico,
para la música, etc. De hecho, hay
muchas disciplinas que no son posibles sin conocer
algo de la Historia y de su Historia.
Todos estos elementos conforman un mundo rico
en posibilidades formativas, que pueden tomar
forma conceptual variada, plenamente coherente
con los limites y contenidos de las Ciencias Sociales
en el contexto de la educación.
2.3. Fines educativos de la Geografía
Podríamos citar muchos autores que expresan
el valor educativo de la Geografía. Desde
nuestro punto de vista, el incluirla en los currícula
solamente resulta justificable si se demuestra
que es un instrumento intelectual al servicio
del proceso formativo. Pensamos que esta premisa
se cumple sobradamente por lo que su presencia
en la educación está más
allá de las modas o de los cambios del
sistema educativo.
La Geografía, por su contenido, es un excelente
instrumento de conocimiento social, en sentido
amplio, y por la su estructura gnoseológica,
puede contribuir eficazmente al desarrollo de
capacidades, actitudes y competencias genéricas
esenciales sobre las que ha de basarse la formación
y la educación de los alumnos hasta los
18 años. Veamos los principales fines
formativos que puede aportar la Geografía:
-Contribuye,
a través del conocimiento, a la formación
de personas cultas, solidarias y autónomas.
La naturaleza de este conocimiento es contextual
o situacional, lo que significa que se aplica
y readapta a los conceptos y valores propios de
la cultura de los alumnos, cambia según
las circunstancias, de acuerdo con su contexto,
y se adapta a sus capacidades y a su nivel evolutivo.
-Al igual que
la Historia, aunque desde otra perspectiva, Contribuye
al conocimiento y comprensión de otros
países y culturas del mundo de hoy.
Al fomentar la comprensión hacia otras
sociedades vecinas o exóticas, es un excelente
medio para trabajar temas de multiculturalismo
y actitudes contrarias a la xenofobia.
- Proporcionar
un medio de adopción de actitudes referida
a la, comprensión de las causas de la acción
humana, en este caso sobre el paisaje, etc.
Esto es posible en la medida que el análisis
del espacio es un elemento de comprensión
de muchas variables, entre las que se encuentra
la acción humana. La comprensión
de la configuración del espacio, tanto
en el "cómo" y en el "por
qué" hace que este estudio sea especialmente
adecuado para las edades escolares.
- A través
de los estudios geográficos se puede provocar
un proceso de aprendizaje que permite adaptarse
a la realidad cambiante. Por ejemplo, entender
los cambios en las comunicaciones, en los sistemas
de comercio, en la creación de nuevos barrios
o zonas urbanas, en los cambios de fronteras de
los últimos años o las rutas y los
nuevos espacios económicos, etc. Todos
estos elementos ayudan a comprender y valorar
lo que significa el cambio social, económico
y político.
-Ayuda a situar
al alumno en el mundo en el que vive y a facilitarle
la comprensión de los problemas a escala
local y planetaria. Los conocimientos geográficos
tienen un alto grado de significatividad
para los escolares. En la medida que los problemas
sociales (vivienda, distribución de la
riqueza, abastecimiento, transporte, etc,) tienen
una perspectiva de análisis geográfico,
permite tratar con racionalidad y método
la percepción de la realidad actual y,
como consecuencia, el posicionamiento ante los
problemas que ésta plantea.
-Por último,
permite adiestrar a los alumnos en métodos
y técnicas propias de las Ciencias Sociales.
Ello tiene un valor por si mismo pero, además,
el empleo de técnicas de trabajo geográfico
debe ser entendido, también, como un instrumento
de descubrimiento de conceptos e informaciones.
Junto a los fines descritos, tanto la Historia
como la Geografía contribuyen a ampliar
la sensibilidad respecto a las formaciones
sociales; permiten realizar observaciones; proporcionan
información para establecer esquemas de
diferencias; son las disciplinas que permiten
analizar, casi en exclusiva, los procesos y las
tensiones temporales; intervienen en la construcción
de perspectivas conceptuales; tratan de la causalidad
interactiva; estudian ritmos y "tempos";
y permiten incorporar técnicas y métodos
de investigación social aplicada al pasado
y al presente. Son, por lo tanto, materias
de conocimiento primordial y central en cualquier
currículum escolar.
3. LOS OBJETIVOS DIDÁCTICOS
DE LAS CIENCIAS SOCIALES.
La Historia, la Geografía son disciplinas
con objetos de estudio diferentes; la primera
tiene coordenadas fundamentalmente temporales,
la segunda, espaciales y está muy ligada
a los problemas actuales. Como se ha dicho anteriormente,
no son las únicas materias que componen
las Ciencias Sociales pero si que son las más
estructurantes del conjunto de estos saberes.
Vistos los fines que estas materias pueden proporcionar
a la educación de los futuros ciudadanos
y ciudadanas, se procede a establecer los objetivos
didácticos que deben considerarse en una
programación. Se incluye también
un apartado referido a los objetivos que pueden
conseguirse a través de la Antropología,
en la medida que completan un aspecto más
cultural que podría quedar fuera de las
materias citadas, a pesar de que no se desarrollará
en el resto del capítulo.
3.1. Los objetivos didácticos
de la Historia.
Los principales objetivos de enseñanza
de la Historia son los siguientes:
Objetivo primero: Comprender
los hechos ocurridos en el pasado y saber situarlos
en su contexto.
Objetivo segundo: Comprender
que en el análisis del pasado hay muchos
puntos de vista diferentes.
Objetivo tercero: Comprender
que hay formas muy diversas de adquirir, obtener
y evaluar informaciones sobre el pasado
Objetivo cuarto: Ser capaces
de transmitir de forma organizada lo que sobre
el pasado se ha estudiado o se ha obtenido.
3.1.1. Comprender
los hechos ocurridos en el pasado y saber situarlos
en su contexto.
Ello significa, en primer lugar, que es preciso
que los alumnos y alumnas sepan reconocer
convenciones temporales cotidianas, que van desde
el antes de o el después
de, hasta las clásicas divisiones
de la Historia, o la estructura secular, el origen
convencional de los calendarios, etc.
Para comprender los hechos y situarlos en su contexto
es necesario saber ubicar unos pocos acontecimientos
sencillos en una secuencia temporal y utilizar
convenciones cronológicas adecuadas mediante
el uso de líneas u otras representaciones
gráficas.
Por otra parte, las acciones ocurridas en el tiempo
nunca pueden explicarse de forma aislada. Los
alumnos y alumnas deberían saber demostrar,
haciendo referencia a narraciones del pasado,
que las acciones tienen consecuencias. Además,
es preciso también demostrar que se es
consciente de una serie de cambios en un
período de tiempo. Ello pasa por contextualizar
históricamente los hechos. Para poderlos
contextualizar deberán considerarse los
rasgos de las formaciones sociales.
No es posible contextualizar los hechos si los
alumnos y alumnas no son capaces de demostrar
que son conscientes de las motivaciones humanas,
con referencia a acontecimientos del pasado.
Tampoco es posible contextualizar el pasado sin
comprender que los acontecimientos históricos
tienen, generalmente, mas de una causa y diversas
consecuencias. Así mismo, que tanto
unas como las otras son de naturaleza muy diferente,
y, por ello, en el momento de explicar problemas
históricos, hay que saber situar algunas
causas y consecuencias en orden de importancia.
Precisamente es en torno al concepto de cambio
en donde se nucleariza este primer objetivo
de la Enseñanza de la Historia. Es preciso
que los alumnos y alumnas lleguen a demostrar
una comprensión clara del concepto de cambio
en diferentes períodos temporales y reconocer
algunas de las complejidades inherentes a la idea
de cambio en el momento de explicar problemas
históricos.
Ello supone darse cuenta de la importancia
de determinados cambios y de los diferentes ritmos
de cambio: rápidos y acelerados o
periodos o elementos de larga continuidad histórica.
Cuando se examinan problemas históricos
se debe poder diferenciar entre causas y motivos.
Para alcanzar este objetivo, los alumnos y alumnas
deberían poder adquirir una comprensión
extensa de problema del cambio y aplicarla
cuestiones históricas complejas. De esta
forma podrían presentar una jerarquía
bien argumentada de cambios referentes a cuestiones
históricas complejas.
En resumen, es preciso demostrar una comprensión
clara de las características de las distintas
formaciones sociales y las complejidades de la
interrelación entre causa, consecuencia
y cambio en los hechos históricos.
3.1.2. Comprender que en
el análisis del pasado hay muchos puntos
de vista diferentes.
En efecto, los alumnos y alumnas, gradualmente,
deberían ser capaces de hacer lo siguiente:
En primer lugar, a partir de la información
histórica, los alumnos y alumnas
deberían ser capaces de reaccionar ante
narraciones sobre el pasado y hacer comentarios
sobre las mismas.
En segundo lugar, que lleguen a reconocer
que puede haber mas de una versión sobre
un acontecimiento histórico e identificar
las distintas versiones existentes de un acontecimiento.
Reconocer que las descripciones del pasado a menudo
son diferentes por razones igualmente validas
en una versión o en las otras. En etapas
más avanzadas de su vida escolar, los alumnos
y alumnas deberían ser capaces de comprender
algunas razones generales que explican la diversidad
de las versiones sobre el pasado.
Naturalmente deberían llegar a reconocer
que las personas influyen en las interpretaciones
de un problema histórico. Según
su procedencia, la época o el lugar, la
visión del hecho es diferente. Es preciso
incluso ser conscientes que existe estrecha relación
entre las descripciones del pasado y las fuentes
utilizadas para formular el relato.
Los alumnos y alumnas deberían ser
capaces de evaluar las interpretaciones históricas
en función, incluso, de su distorsión,
así como, comentar los problemas
que surgen cuando uno intenta hacer una Historia
"objetiva".
Finalmente, los alumnos y alumnas, al final de
sus estudios secundarios, deberían demostrar
una comprensión del hecho de que los valores
de su época, de su clase, nacionalidad,
o creencias afectan a los historiadores
en sus juicios sobre el pasado. Y pese a todo
ello, deben aprender que la Historia, entendida
como saber científico, es la única
manera rigurosa y objetiva de explicar los tiempos
pretéritos pese a la provisionalidad de
sus conclusiones.
3.1.3.
Comprender que hay formas muy diversas de adquirir,
obtener y evaluar informaciones sobre el
pasado.
Este importante objetivo de la enseñanza
de la Historia hace referencia a como se
obtiene los datos que sirven para construir la
explicación histórica. Para alcanzarlo,
los alumnos y alumnas deberían ser capaces
de extraer información a partir de una
fuente histórica seleccionada por el profesor.
Posteriormente, y a medida que sus destrezas aumentan,
los estudiantes deberían saber adquirir
información histórica a través
de fuentes diversas que contienen más información
de la necesaria y que deben ser valoradas y criticadas,
según los procedimientos habituales que
los historiadores emplean en la crítica
de fuentes.
Pero no es suficiente con saber extraer la información;
es preciso saber valorarla; para ello, el alumnado
debe comparar el valor de algunas fuentes
relacionadas con una cuestión histórica
concreta. Es preciso saber reconocer que tipos
de fuentes históricas podrían ser
utilizadas para una línea concreta de investigación
y seleccionar tipos de fuentes que podrían
ser útiles para proporcionar información
en una investigación histórica.
Es muy importante comparar críticamente
las fuentes utilizadas y reconocer que el valor
que tienen las fuentes está determinado
en gran parte por las preguntas que hacemos sobre
los datos que ofrecen sobre su origen o su relación
con el tema del que tratan o al que pertenecen.
Finalmente, demostrar la habilidad para utilizar
fuentes a pesar de su mutilación y de sus
imperfecciones, así como ser conscientes
del carácter de las fuentes de sus diversos
usos y limitaciones, las circunstancias de su
creación y si se pueden utilizar otras
informaciones que sean mejores.
3.1.4.
Transmitir de forma organizada lo que sobre
el pasado se ha estudiado o se ha obtenido.
Para ello, es necesario saber describir, en primer
lugar, oralmente aspectos del pasado. Sin embargo,
hay que saber comunicar cosas del pasado sirviéndose
de mas de un medio de expresión (mapas,
informes, dibujos, diagramas, narraciones, etc).
Nuestros alumnos y alumnas deberían
ser capaces de seleccionar material histórico
relevante con el fin de comunicar un aspecto del
pasado, utilizando diversos medios.
Los objetivos que llenan de contenido el enunciado
de este apartado, son los siguientes:
-Exponer correctamente
una investigación histórica relevante,
omitiendo el material superfluo.
-Seleccionar
la información relevante a fin de realizar
una exposición completa, precisa, equilibrada,
haciendo uso de algunas de las convenciones de
la comunicación histórica.
-Sintetizar una
serie de informaciones complejas y dispares sobre
un problema histórico a fin de elaborar
una explicación coherente y equilibrada.
-Estructurar
información compleja de una forma apropiada
a fin de defender una argumentación analítica,
coherente y equilibrada sobre un problema histórico.
-Estructurar
información compleja de los métodos
mas apropiados para defender una exposición
analítica, coherente y apropiada sobre
problemas históricos sustanciales, demostrando
que se es consciente de la existencia de enfoques
alternativos.
3.2. Objetivos
didácticos de la Geografía
Lo que ha caracterizado a la Geografía
como ciencia es su preocupación por la
diferenciación del espacio en la superficie
terrestre y el problema de la relación
entre los seres humanos y el medio en que
viven. En referencia a estas cuestiones, los principales
objetivos generales del estudio de la Geografía
son los siguientes:
Objetivo primero.
Proporcionar elementos suficientes para orientarse
en el espacio.
Objetivo
segundo. Comprender que la organización
del espacio es el resultado de la interacción
de múltiples factores y emitir juicios
razonados sobre ello. Objetivo
tercero. Ser capaces de leer e interpretar
críticamente las representaciones gráficas
del espacio. Objetivo
cuarto. Ser capaces de transmitir de forma
organizada lo que sobre la organización
del espacio se ha aprendido.
Cuadro
1. Objetivos de la geografía para alumnos
de 11 a 16 años. (Elaborado
a partir del cuadro de: G. Hugonie Practiquer
la geographie au Collège. Paris Armand
Colin 1992 Pag. 202)
|
Conocer lugares, espacios para situares en la tierra |
Conocer el espacio y las condiciones de vida de los seres humanos, en sus regiones, localidades y países |
Conocer las condiciones de vida, los tipos de vida, la ordenación espacial etc. en la Tierra |
Conocer y comprender los grandes problemas ligados a la utilización de los recursos de la Tierra por la las sociedades |
Analizar y comprender la organización del espacio(procesos y resultados) |
Actuar en el espacio, resolver problemas de ordenación |
Adquirir destrezas, actitudes y métodos que permitan conocer y comprender las distintas sociedades |
|
Ejem: Situar información y manejarla: Continentes, océanos, países, zonas naturales y económicas, redes, etc. |
Ejem: Análisis de las regiones, ciudades y naciones |
Ejem: Condiciones, físicas, económicas, culturales, espaciales de las actividades humanas |
Ejem: Desertificación;relación población/ recursos alimentarios; Urbanismo rápido; movimientos migratorios; degradación del ambiente, Desarrollo desigual, etc |
Ejem: Polarización, redes, flujos y sistemas. Representaciones espaciales.
Noción de interdependencia espacial y funcional de un espacio |
Ejem: Soluciones para establecer una localización de un equipamiento. Estudios de impacto ambiental.
Preparar un viaje, etc. |
Ejem: Utilizar un mapa, Describir un paisaje. Construir un croquis. Leer un diagrama. Analizar sistemas espaciales. Realizar una encuesta. |
3.2.1. Proporcionar elementos
suficientes para orientarse en el espacio.
El objetivo primero es el más concreto
y sencillo. Por él deberá comenzarse.
Implica orientarse físicamente en el espacio
mediante el conocimiento de los puntos cardinales,
la brújula, los astros y los métodos
más usuales empleados para tal fin; implica
también saber orientar planos y mapas.
Además, deberán realizar croquis,
itinerarios, y otros elementos que sirvan para
adquirir una percepción lo más correcta
posible del espacio físico.
.3.2.2. Comprender que
la organización del espacio es el resultado
de la interacción de múltiples factores.
Ello implica conseguir los siguientes objetivos:
-Identificar algunos de los factores
que intervienen en la organización del
espacio.
-Comprender que no todos los
factores son de idéntica naturaleza.
-Descubrir que no todos los factores
tienen la misma importancia.
-Darse cuenta que hay factores
que cambian con el tiempo.
-Descubrir cuales son los factores
que intervienen en la organización de un
territorio.
-Clasificar los distintos tipos
de factores que estructuran el espacio.
-Clasificar los distintos tipos
de espacios.
-Verificar que las decisiones
humanas son cruciales en la organización
del espacio en que vivimos.
-Emitir juicios críticos
sobre las formas actuales de organización
del espacio.
-Proponer alternativas lógicas
a una determinada organización del espacio.
3.2.3. Leer e interpretar
críticamente las representaciones gráficas
del espacio.
Ello implica adquirir las destrezas
necesarias para:
-Comprender esquemas elementales
de organización del espacio, ya sea mediante
croquis o mapas.
-Conocer los signos convencionales
más usuales en cartografía.
-Conocer distintos tipos de cartografías.
-Contrastar la información
proporcionada por los mapas con la realidad.
-Adquirir autónomamente
información sobre aspectos significativos
de la organización del paisaje.
-Emitir juicios críticos
sobre las fuentes estadísticas y cartográficas.
3.2.4. Transmitir
de forma organizada lo que sobre el espacio se
ha estudiado o se ha obtenido.
Para ello, es necesario saber describir, en
primer lugar, oralmente aspectos de la organización
del espacio geográfico. Sin embargo, hay
que saber comunicar cosas de la organización
espacial sirviéndose de más de un
medio de expresión (hacer mapas, croquis,
dibujos, diagramas, narraciones, informes, etc.)
Nuestros alumnos y alumnas deberían
ser capaces de seleccionar material geográfico
relevante con el fin de comunicar un aspecto de
éste, utilizando diversos medios. Además,
deberían saber organizar y presentar la
información a partir de documentos o cartografía
que traten temas geográficos, empleando
los medios de expresión que sean más
adecuados.
Los objetivos que dan contenido a este apartado
son:
-Exponer correctamente
una investigación geográfica relevante,
omitiendo el material superfluo.
-Seleccionar
la información relevante a fin de realizar
una exposición completa, precisa, equilibrada,
haciendo uso de algunas de las convenciones de
la comunicación geográfica.
-Sintetizar una
serie de informaciones complejas y dispares sobre
un problema geográfico a fin de elaborar
una explicación coherente y equilibrada.
-Estructurar
información compleja de una forma apropiada
a fin de defender una argumentación analítica,
coherente y equilibrada sobre un problema geográfico
-Estructurar
información compleja de los métodos
mas apropiados para defender una exposición
analítica, coherente y apropiada sobre
problemas geográficos sustanciales, demostrando
que se es consciente de la existencia de enfoques
alternativos.
4. LA
ENSEÑANZA Y EL APRENDIZAJE DE LA
HISTORIA.
4.1. Las dificultades
para la enseñanza de la Historia
Además de las dificultades hermenéuticas
que conlleva cualquier tipo de transmisión
de conocimientos, sea cuales fuere su naturaleza,
la Historia reúne una serie de características
que la convierten en un campo de aprendizaje con
especiales dificultades.
En primer lugar, hay que señalar su
propia naturaleza como ciencia social. Los
enfoques actuales de esta disciplina han desterrado
definitivamente la Historia de anticuario, el
desempolvar el pasado sin más. La Historia
supone el conocimiento, análisis y explicación
de un todo social pasado. Se trata del conocimiento
de un entramado complejo, dinámico, en
el que los fenómenos están entrelazados
dialécticamente. Por todo ello, la
comprensión de los fenómenos históricos
supone un dominio de modelos de conocimiento extremadamente
abstractos y la utilización de análisis
de variables y relaciones difícilmente
aislables.
El estudio de la Historia, en toda su complejidad,
supone el uso del pensamiento abstracto formal
al más alto nivel. Queda pues claro que
será totalmente imposible intentar ofrecer
a los alumnos de ciclos básicos e, incluso,
medios, la selección de contenidos que
pueden ser manipulados en los ciclos superiores
de la enseñanza. Por lo tanto, se
hará necesario una presentación
de los temas de estudio a niveles adaptados a
los estadios operativos del alumnado. Este trabajo
constituye una de las tareas que ofrece
mayores dificultades para el profesorado, dado
lo complicado que resulta aislar informaciones
que forman parte de un todo social dinámico.
Una segunda dificultad para el aprendizaje de
la Historia radica en la imposibilidad que
ofrece de poder reproducir hechos concretos del
pasado, mientras que las llamadas ciencias
experimentales permiten repetir en el laboratorio
la mayor parte de los fenómenos que vienen
contenidos en los temas del plan de estudios.
La posibilidad de un aprendizaje por descubrimiento
en física, química o ciencias naturales,
se hace mucho más complicada en Historia,
en la medida que las investigaciones que los alumnos
deben realizar para construir su propio conocimiento,
suponen manipular vestigios del pasado que dan
una información sesgada y, en ocasiones,
de difícil dilucidación. Dicho de
otro modo, resulta imposible trasladar a los alumnos
a una verdadera ciudad romana o mantener una conversación
con uno de los descubridores de América.
Para conocer estos hechos mediante una técnica
de investigación, tan solo disponemos de
fuentes (restos arqueológicos, documentos,
cuadros etc.) que, como es bien sabido, suponen
un trabajo de análisis, crítica
y relación que comporta una cierta especialización
técnica. Es por ello, que muchos profesores
prefieren impartir la Historia a través
de libros de texto que ofrezcan las informaciones
acabadas o mediante explicaciones magistrales
en la que la actividad de los alumnos se reduce
a copiar apuntes. La destreza y el gran conocimiento
de Historia y de psicopedagogía que supone
el montar unidades didácticamente aceptables,
adaptadas a las diversas edades, es una dificultad
añadida al profesorado que se plantea salir
de una enseñanza memorística o meramente
comprensiva.
En tercer lugar, hay que destacar que no todos
los historiadores están de acuerdo en una
misma definición y caracterización
de la Historia como ciencia social. Ni siquiera
son aceptados por todos un único vocabulario
conceptual y, mucho menos, unas mismas leyes que
sirvan de sustrato a los modelos de acercamiento
a los datos empíricos. Hay, incluso, quien
discute su carácter de ciencia social y
sólo ve en ella un instrumento para la
defensa de posturas ideológicas o como
mero tribunal ético de los hombres del
pasado. Es fácil comprender, pues, que
esta situación supone una dificultad, añadida
a las anteriores, en la medida que no existe un
consenso sobre la naturaleza de la disciplina.
Cuadro 2.
Problemas de aprendizaje de la materia histórica.
Los
problemas didácticos que inciden en la
enseñanza de la Historia fueron planteados
en España en el proyecto del grupo barcelonés:
"Historia 13-16"a finales de los años
setenta. Posteriormente, utilizando como base
sus trabajos preparatorios, Carretero, Pozo
y Asensio desarrollaron la problemática
que venía siendo tratada en el Reino
Unido desde finales de la década de los
setenta. A través de estos estudios se
puso de manifiesto las dificultades de la asimilación
de los conceptos temporales, del cambio y la
continuidad, del tiempo relativo,
de la causalidad, etc. Muchos de los conceptos
que se pretendía enseñar en la
Enseñanza General Básica se podía
afirmar que no era posible su asimilación
hasta la etapa del Bachillerato e, incluso,
en estadios más avanzados.
Los
esfuerzos por superar el fracaso que significaba
la enseñanza de la Historia se encaminaron
hacia la construcción de modelos de inspiración
marxista, en parte copiados de los materiales
del Partido Comunista Italiano destinados a
adultos u otros surgidos a principios de los
años setenta en España, como era
el caso del proyecto Germanía 75".
Estos materiales, pese a que generaban
un aburrimiento absoluto incluso entre los adolescentes,
se intentaron, sin piedad, aplicar a las
últimas etapas de la educación
primaria o primeros cursos de secundaria.
En cuarto lugar, y desde la óptica del
propio alumnado, también podemos encontrar
prejuicios que dificultan un aprendizaje de la
Historia. La idea más extendida sobre la
asignatura es que se trata de una materia que
no necesita ser comprendida sino memorizada.
Utilizando la jerga de los alumnos, la Historia
se define como un "rollo" que se aprueba
"empollando". Socialmente también
se identifica como una especie de saber útil
para concursos televisivos o para recordar datos
y efemérides. La principal virtud intelectual
que se requiere para saber Historia es, según
la opinión popular, tener una gran memoria.
En quinto lugar, cuando los gobiernos utilizan
la Historia escolar, aprovechando su poder de
ordenación e inspección del sistema,
para intentar configurar la conciencia de los
ciudadanos intentando ofrecer una visión
del pasado que sirva para fortalecer sentimientos
patrióticos, sobrevalorar las glorias
nacionales o, simplemente, crear adhesiones políticas.
En estos casos la utilización de mitos,
tópicos y visiones xenófobas y excluyentes
pueden llegar a convertir esta disciplina en un
elemento antieducativo
Por último, los profesores, en ocasiones,
no colaboran demasiado a borrar estos prejuicios,
en la medida que ofrecen una idea de una Historia
con informaciones acabadas. No hemos encontrado
demasiados alumnos que, después de pasar
varios años estudiando Historia, comprendiesen
el verdadero carácter que tiene la disciplina
como una ciencia en estado de construcción,
y en la que muy pocas cosas se pueden dar como
definitivas. Parte de la responsabilidad de esta
situación corresponde a los propios cuestionarios
oficiales.
4.2.
La enseñanza de la Historia requiere introducirse
en el método histórico.
Es importante que la Historia no sea para los
escolares una verdad acabada, o una serie
de datos y valoraciones que deben aprenderse de
memoria. Es imprescindible que la Historia se
trabaje en clase incorporando toda su coherencia
interna y ofreciendo las claves para acercarse
a su estructura como conocimiento científico
del pasado. Es más interesante que los
alumnos comprendan como podemos conseguir saber
lo que pasó y como lo explicamos que la
propia explicación de un hecho o periodo
concreto del pasado.
Podría afirmarse que, los métodos
y técnicas del historiador tan sólo
deben aparecer ligadas a las investigaciones científicas
y no se han de utilizar en el ámbito escolar,
ya que no se trata de formar investigadores sino
ciudadanos cultos. Sin embargo, cuando
estas técnicas de análisis y descubrimiento
se aplican a la física, química,
botánica, geología, o zoología,
nadie suele plantear que "no estamos formando
a científicos". ¿Por
qué?.
Hay varias razones: la primera y más
importante es la concepción implícita
que de la Historia contiene este planteamiento.
Si, desde el punto de vista didáctico,
de la Historia no interesa su proceso de elaboración;
si no interesa conocer cómo saben los arqueólogos
la fecha de las cosas; si no parece necesario
que los escolares sepan sobre la base de qué
razonamientos hipotéticos construyen los
historiadores su visión del pasado;
si tampoco interesa cómo analizan críticamente
la sociedad; si no interesa cómo
se elabora juicios críticos de los textos
y fuentes, etc., es que se considera
la Historia como un ámbito literario o
meramente cultural, y no como una ciencia social,
probablemente una de las más antiguas y
desarrolladas.
La visión que niega a los escolares conocer
los elementos y los métodos de historiar,
responde, generalmente, a visión doctrinaria
y dogmática de la materia. En esta
posición no se esconde un concepto
determinado de la enseñanza de la Historia,
sino de la Historia misma. Un tipo de Historia
que esconda como se adquiere el conocimiento histórico,
conduce a introducir simplemente un corpus de
mitos mas o menos históricos; ello
no responde a las necesidades formativas de los
jóvenes.
En física, por ejemplo, la presión
sobre los fluidos no se practica simplemente para
aprender a presionar un fluido, cosa que puede
resultar una estupidez, sino que se trabaja
en función de la observación de
cómo se comportan los fluidos ante la presión
ejercida en un punto; y de ahí sale el
principio de Pascal. Exactamente igual ocurre
en Historia: el uso de la cartografía histórica,
por ejemplo, no tiene como objetivo enseñar
a mirar mapas sin más; su objetivo
se enmarca en el aprendizaje de conceptos tales
como cambios espaciales, causas y consecuencias
de los hechos etc. No se trata de hacer
cosas por practicar una manualidad o por tener
distraído al alumnado en actividades.
Se trata de "hacer cosas" en un contexto
general de acciones fundamentadas y coherentes
con relación a la materia que se aprende.
Para conocer la Historia hay que conocer el método
de trabajo del historiador, y ello conduce
a emplear en clase unas estrategias muy concretas,
que no pueden derivarse de las habilidades manuales;
no se trata de aprender a hacer posters, o aprender
a dibujar gráficas, o a aprender
a llenar mapas, aun cuando estas actividades
puedan formar parte de los determinados procedimientos
de trabajo del historiador.
Cuando se estudian disciplinas de tipo experimental
este planteamiento esta muy claro. Si los métodos
y técnicas de trabajo de las ciencias naturales
se derivan fundamentalmente del propio método
de análisis de las ciencias, debería
parecer lógico que en Historia ocurriese
lo mismo.
Digamos como conclusión, que hay que plantear
la necesidad de enseñar Historia utilizando
los instrumentos del historiador; de ellos se
derivarán los métodos y las técnicas
de trabajo, como en la física los
procedimientos se derivan de la propia naturaleza
de la investigación.
4. 3.
La naturaleza de la Historia y su enseñanza.
Una vez afirmado la necesidad de introducir las
cuestiones metodológicas y técnicas
como requisito para poder enseñar Historia,
la siguiente cuestión a plantearse es la
que hace referencia a la naturaleza del conocimiento
histórico, y con qué medios debería
enseñarse.
Para conocer o comprender un acontecimiento histórico
necesitamos recibir información histórica,
pero los componentes de esta información
no son la finalidad, sino el inicio, ya que la
Historia no se reduce a saber los nombres,
fechas y acontecimientos. Es necesario una
"comprensión" para poder emitir
una explicación sobre el por qué
ocurrieron las cosas de una determinada forma
en el pasado; así, por ejemplo, la respuesta
a la pregunta: "¿En qué fecha
los musulmanes invadieron la Península
Ibérica?", nos puede indicar
la memoria del estudiante, pero no nos informa
de los cambios y transformaciones que hicieron
posible la invasión y el dominio musulmán.
Sin embargo, la información es la
base para la comprensión.
El primer objetivo fundamental ha de ser la "comprensión"
para poder llegar a la explicación. Debe
tenerse primero un marco de referencia en el que
los acontecimientos cobran sentido. Por ello,
uno de los elementos básicos de la comprensión
viene dado por la caracterización de las
distintas formaciones sociales. Solo dentro de
estas caracterizaciones se pueden explicar en
parte los hechos sin caer en anacronismos o visiones
incompletas de la realidad. El problema que se
plantea muchas veces es el que al trabajar temas
concretos, muchas veces ligados a la historia
local, se pierde la referencia de la explicación
general del periodo y del conjunto social en el
que está enmarcada la historia de una determinada
localidad y, dentro de esta, el relato de un determinado
hecho o acontecimiento. Por ello, debe insistirse
en la contextualiza ción, que en el fondo
supone dar un valor general a un elemento concreto.
Cuadro
3. La Historia local en la escuela.
(Extraído de Joaquim
Prats El estudio de la Historia local como
opción didáctica. ¿Destruir
o explicar historia? En IBER Didáctica
de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia.
nº º 8 abril 1996)
Desde
el punto de vista pedagógico, la historia
de la localidad y, en general, los estudios
de entorno pueden constituir un punto de interdisciplinariedad
y motor de aprendizajes instrumentales base
para la comunicabilidad. Permiten, entre
otras cosas, partir de una observación
sobre el terreno, situar al alumno en una posición
apta para la "investigación"
y, por lo tanto, en la línea del aprendizaje
por descubrimiento. Pero el estudio de la historia
de una determinada localidad o comarca no debe
ser por si mismo, sino como aportación
y ayuda para reforzar la adquisición
de método y para aprender a matizar
un campo de observación. (...)
Para introducir la Historia de la localidad
en las clases se ha de tener presente:
1º
El conocimiento, por parte del profesorado,
del método de investigación histórica.
2º Que exista una historia elaborada y contextualizada
de la localidad que es objeto de estudio.
3ºQue existan medios adecuados (fuentes, vestigios
etc.) y accesibles y que estos estén
suficientemente preparados y convenientemente
tratados para poder ser entendidos
por los alumnos.
4º Que el profesor conozca la metodología
didáctica necesaria para traspasar el
nivel de la "sopa de anécdotas"
y pueda ser capaz de que los alumnos utilicen
el estudio de la historia local como método
aprender a matizar un campo de observación
que tenga significación en un contexto
más general. Dicho de otro modo, que
el estudio de la historia local sirva para ofrecer
y enriquecer las explicaciones de historia general
y no para destruir la historia.
La comprensión de
los hechos no es posible sin tener presente
las creencias de los protagonistas, agentes o
pacientes de los hechos. El paso siguiente es
la explicación. Aquí se trata de
averiguar las causas de los hechos y las
consecuencias que se derivan de ellos. Este aspecto
es fundamental en la Historia que, a diferencia
de otras disciplinas, se interesa más por
la significación de los hechos que por
los hechos en sí mismos.
A pesar del interés por las causas y consecuencias,
el historiador no siempre tiene una certeza absoluta
de que aquellas causas sean las únicas
o las determinantes de un hecho. Por esta razón,
como ya se ha señalado, el pasado es difícil
presentarlo con objetividad absoluta. Hemos de
seleccionar a los informantes, los documentos,
los posibles testigos, etc., y los puntos de vista
de los historiadores diferirán en muchísimos
casos y, además, cambiarán con el
paso del tiempo.
4.4. Método
histórico y el proceso de enseñanza/aprendizaje
La naturaleza de la Historia se refleja sobradamente
en el método de trabajo del historiador.
Desde un punto de vista estrictamente metodológico,
el historiador se plantea cualquier trabajo de
acuerdo con las siguientes pautas:
-Recogida
de información previa sobre el tema objeto
de estudio. En esta fase, el historiador recoge
y analiza atentamente todos los trabajos, informes,
documentos etc., que constituyen el punto de partida
de la investigación.
-Hipótesis
explicativas. Esta segunda fase del trabajo
es la más importante. El investigador formula
todas las posibles explicaciones lógicas
que articulen todos los elementos o datos posibles
de que se disponen, dando una explicación
coherente de los hechos y relacionandolo con las
explicaciones similares ya investigadas.
-Análisis
y clasificación de las fuentes históricas.
Naturalmente las hipótesis de trabajo no
podrán sostenerse si no se dispone de las
fuentes históricas, arqueológicas,
o de cualquier índole que permitan contrastar
las hipótesis, bien sea para afirmarlas
o para rechazarlas. El historiador deberá
clasificar esta información, ordenarla
y articularla frente a las hipótesis.
-Causalidad.
Una vez establecidos los hechos, es evidente que
de ellos se derivarán consecuencias, o
quizás serán la causa de otros;
los testimonios manejados reflejarán los
motivos que tuvieron los protagonistas para intervenir
o no en los procesos descritos. Todo ello formará
el complejo entramado de preguntas, no todas
con respuesta, que constituyen el final del trabajo.
- Explicación
histórica del hecho estudiado. Se trata
de elaborar una explicación que enmarque
lo ocurrido en una teoría explicativa del
pasado. Ello supone no solo averiguar lo más
objetivamente posible, que ocurrió, como
ocurrió y cuando ocurrió, sino saber
porqué ocurrió y en que contexto
histórico pude explicarse. Esta sería
la fase de interpretación, lógicamente
la más difícil, puesto que requiere
la poseer una teoría explicativa de carácter
general.
El historiador no puede renunciar a este método
que constituye la esencia del oficio. Puede variar
la naturaleza de la información,
pueden diferir las fuentes, pero la esencia
de la investigación no cambiará.
Se repite así la idea eje en la que venimos
insistiendo: hay que implementar una enseñanza
de la Historia que tenga muy presente como es
el método de análisis histórico.
Ello implica enseñar a historiar o enseñar
el oficio de historiador. En este caso, habría
que dotar a los alumnos y alumnas de un bagaje
conceptual y metodológico básico,
es decir, los instrumentos básicos del
trabajo científico en Ciencias Sociales.
4. 5. Metodología didáctica
Un planteamiento didáctico correcto comporta
realizar los pasos que ya se han tratado en otros
capítulos de esta obra. Determinar objetivos,
seleccionar los contenidos, secuenciarlos correctamente,
confeccionar de unidades curriculares, determinar
que actividades son las más adecuadas en
cada momento del proceso educativo, que actividades
hay que preveer para ampliación y refuerzo,
y, por último, establecer los criterios
y estrategias de evaluación. Estas
actividades didácticas son de carácter
general y su dominio no es propio de ninguna área
curricular, sino común a todas. Por esta
razón no vamos a tratar estas cuestiones
en este apartado y nos limitaremos a establecer
unas lineas de actuación que tendrán
que informar los procesos de selección,
secuenciación y confección de unidades
curriculares.
A continuación, expondremos que actividades
deben estar presentes en todo el proceso didáctico
para un correcto aprendizaje de la Historia. Los
podemos resumir en los siguientes puntos: aprender
a formular hipótesis; aprender clasificar
de fuentes históricas; aprender a analizar
las fuentes; aprender a analizar la credibilidad
de las fuentes y, por último, el aprendizaje
de la causalidad y como iniciarse en la explicación
histórica. Este último tema, dada
su complejidad, se tratará en un epígrafe
específico.
4.5.1 Aprender
a formular hipótesis de trabajo.
Introducir a la formulación de hipótesis
de trabajo implica reconocer previamente el concepto
de hipótesis, es decir, una suposición
lógica y razonada que se formula para iniciar
una investigación que puede confirmarla
o desecharla. Una hipótesis de trabajos
es siempre una suposición provisional.
Para aprender a formular hipótesis en Historia
hay que plantear problemas históricos cuya
resolución implique formular una o varias
hipótesis. Hay que distinguir entre hipótesis
y ocurrencia; no toda ocurrencia es una hipótesis
de trabajo, ya que se trata de suposiciones
lógicas y razonadas, es decir, que
tengan una base de apoyo. La formulación
de hipótesis deriva siempre de la existencia
previa de un problema. Por lo tanto, para
introducir a los alumnos y alumnas en la formulación
de hipótesis hay que partir de unos problemas
mas o menos sencillos.
Las hipótesis
serán las suposiciones lógicas que
intentan dar respuestas al problema planteado.
Es evidente que la Historia, por su misma
naturaleza ayuda a formular muchísimas
hipótesis en campos y temas mas variados,
desde la prehistoria hasta la actualidad. Las
hipótesis formuladas sobre objetos materiales
pertenecientes a un pasado próximo o remoto,
son las más elementales y quizás
los primeros tipos de hipótesis que podemos
plantear. Mientras que en los últimos años
de la educación secundaria las hipótesis
pueden adquirir una gran complejidad.
Las hipótesis formuladas deben ser demostradas
o rechazadas. Para ello disponemos de las fuentes
históricas, es decir, del testimonio de
los informantes (que pueden ser también:
objetos, edificios, imágenes, etc.) que
fueron testigos o parte del tema que se estudia.
Las fuentes deben ser contrastadas con otras de
otros lugares ya conocidas y estudiadas; son pistas
que por comparación con las fuentes estudiadas,
permiten ubicarlas, datarlas o simplemente contrastarlas.
En otras ocasiones, el historiador requerirá
informes técnicos que le permiten verificar
un documento; así, por ejemplo, un
jeroglífico requiere ser descifrado y ello
es una técnica compleja. Lo mismo ocurre
con un análisis de carbono-14 efectuado
en un laboratorio físico-químico.
En conclusión, la formulación
de hipótesis es uno de los primeros pasos
de una investigación que da lugar al uso
de fuentes históricas con el fin de verificar
o desechar la proposición hipotética.
4.5.2.
Aprender clasificar fuentes históricas.
Aprender
a conocer la naturaleza de las fuentes, el tipo
de fuentes y saber buscarlas, ordenarlas
y clasificarlas es una de las tareas subsiguientes
que cabria plantear. Para ello, hay que poner
al alumnado en contacto directo con fuentes muy
diversas, bien sean orales o escritas; plantear
también que las fuentes históricas
pueden ser materiales, con soportes de papel,
de piedra, de metal, etc..
CUADRO 5. Tipos de fuentes
primarias.
Las
fuentes primarias,
son aquellas que fueron producidas al paso mismo
de los acontecimientos de los cuales nos informan,
son variadísimas:
-Fuentes
materiales: Edificios, caminos, instrumentos,
vestidos, armas, monumentos, etc
-Las
fuentes escritas, (cartas, tratados, crónicas,
documentos legales, etc.)son una de las bases
más importantes sobre las que se construye
la Historia. Entre ellas se encuentran también
las de tipo periodístico: prensa,
revistas y material gráfico.
-Las
fuentes iconográficas (grabados, cuadros,
dibujos, etc), son abundantes y el profesorado
las tiene siempre a su alcance. Sin embargo,
la mayoría de las veces las utilizamos
como meras ilustraciones, sin entrar en
el análisis de sus contenidos.
-
Fuentes orales. A menudo poco utilizadas y son,
sin embargo, importantes para la Historia reciente:
registrar la voz del abuelo que nos explica
como trabajaba, como se divertía,
que hizo en determinada efeméride, como
transcurrían los días de fiesta
durante el tiempo de su juventud, etc..
Hay quien afirma que la Historia debería
pisarse, en el sentido que cuando
hablamos, por ejemplo, de la Edad Moderna deberíamos
pisar alguna ciudad colonial del siglo XVIII;
para comprender la revolución industrial
deberíamos poder visitar una fábrica
o un barrio burgués, entrar en sus casas
y compararlo con los suburbios obreros del mismo
momento. ¿Podemos comprender la aventura
americana sin haber subido nunca en buque de vela?.
¿Es posible imaginar lo que fue la Segunda
Guerra Mundial sin haber sentido de alguna forma
la angustia de un bombardeo aéreo?. Naturalmente,
una fábrica puede ser una magnífica
fuente para la Historia del siglo XIX, como lo
es una catedral, una ciudad colonial, un yacimiento
arqueológico o un periódico antiguo,
etc. La cuestión principal radica en saberlo
identificar como documento histórico, en
saber acercarse a él con actitud especulativa
y con sensibilidad científica.
4.5.3.
Aprender a analizar las fuentes
Uno de los factores más importantes para
el trabajo que simule la tarea del Historiador
es el adiestramiento en el análisis de
fuentes históricas.
Si clasificar es importante, no menos importante
es enseñar a obtener información
y descodificar los distintos tipos de fuentes.
Las fuentes escritas requieren una técnica
de lectura detallada, en la que el alumnado deberá
ir descifrando la información histórica
que nos proporciona el documento. No se trata
de resumir, sino de leer con mentalidad
indagativa para obtener noticias directas o indirectas
de la época.
Por lo que se refiere a las fuentes iconográficas
es evidente que existe una gran variedad de géneros.
Como ejemplo vemos en el cuadro 7,Cómo
analizar la columna Trajana, la manera en
que se puede abordar el análisis de esta
fuente iconográfica. No constituye ninguna
novedad el que los relieves de tradición
helenística y romana se concebían
como auténticas descripciones de los acontecimientos.
Al igual que ocurre con los textos escritos,
aquí el artista no tomaba apuntes de una
batalla ni conocía la situación
exacta de los ejércitos. Por lo tanto,
el relieve siempre es un relato arreglado
de aquello que aconteció. En realidad es
como una especie de diario o noticiario de lo
ocurrido.
Cuadro 7. ¿Cómo analizar la Columna Trajana?
La columna Trajana, de donde se extrae esta información, esta constituida por 114 viñetas. Si reparamos en las primeras imágenes de la columna, los temas tratados son los siguientes:
1. Fortificaciones romanas a lo largo de la frontera del Danubio.
2 y 3. Las tropas romanas cruzan el río con puentes de barcas.
4. El Emperador celebra su primer consejo de guerra, cuando el ejército ha atravesado el río.
5. Se celebra un sacrificio a los dioses, en acción de gracias (la lustratio).
6. El Emperador se dirige a las tropas.
7. Los soldados construyen un campamento fortificado.
8. El Emperador supervisa la construcción del campamento.
9 y 10. Los soldados cortan árboles para construir fortificaciones.
11. En espía enemigo es capturado y conducido al interrogatorio.
12. Un escuadrón de caballería a punto de efectuar una batida, al tiempo que se construye el campamento.
Con estos ejemplos podemos ver el detalle con el que se hace el relato de la campaña militar. Podríamos ahora estudiar cada uno de estos relieves; por ejemplo, si elegimos el relieve número 1 nos damos cuenta que los campamentos del limes se fortificaban con un val·lum de madera, en cuyo interior se ubicaban las tiendas de campaña de los legionarios, concebidas como autenticas cabañas de ladrillo, con techos de tejas; los abastecimientos se efectuaban por vía fluvial, mediante barcazas que transportaban botas de vino y sacos que contenían, probablemente, la harina.
En el relieve número 2, observamos que el paso del río se hace desde cabezas de puente que eran autenticas ciudadelas fortificadas Si siguiéramos con la observación del relieve, de como operaban los ejércitos romanos en su lucha contra los barbaros de la Dacia, etc. Esta descripción es de naturaleza idéntica a las narraciones que nos proporcionan los cronistas en sus textos escritos.
¿Cómo podríamos trabajar con este tipo de fuentes iconográficas? El método es muy semejante al de las fuentes escritas. Se trata de intentar imaginar que el relieve es como un continuo de ilustraciones de una especie de cómic. Deberíamos preguntarnos: ¿Qué elementos observamos?. ¿Cómo son?. ¿Qué representan?. ¿Qué actividades realizan los personajes?. ¿Qué objetos usan?. En el caso del análisis de textos teníamos que imaginarnos los escenarios a base de las descripciones. Aquí ocurre lo contrario; tenemos los escenarios y hay que imaginar la descripción. No parece difícil sugerir pautas de trabajo tenían presente estas premisas.
4.5.4. Aprender a valorar
las fuentes.
Se trata de introducir al alumnado a la critica
de fuentes ya que los documentos que nos informan
sobre el pasado han sido a menudo manipulados,
tergiversados, llegan incompletos y algunos
de ellos totalmente falseados. Aunque no existiese
manipulación o falseamiento deliberado,
cada fuente expresa la óptica particular
de un individuo, o de su grupo, familia o clan,
etc., además, surge en una determinado
contexto, generalmente lleno de contradicciones,
tensiones o tendencias. Todo ello debe ser descubierto
para poder valorar correctamente la información
que nos proporciona.
Es preciso, también, poder contrastar las
fuentes con otras distintas, contrarias,
para establecer todas las posiciones y ópticas
posibles. La realidad no es nunca la suma de todas
las partes de un todo. No podemos analizar cada
parte por separado; hay que estudiar la documentación
de forma global, entendiendolo como diversos
enfoques sobre un mismo problema.
La critica de fuentes textuales es un ejercicio
que se viene realizando, como mínimo,
desde el Renacimiento y no es superfluo insistir
en sus principios más importantes. Podríamos
examinar como ejemplo un tipo de fuente de las
denominamos clásicas, y nada mejor, que
Julio Cesar en sus conocidos Comentarios sobre
la Guerra de las Galias. Esta obra está
llena de discursos, proclamas y exhortaciones
más o menos largas. Naturalmente ninguno
de estos textos corresponden a palabras efectivamente
pronunciadas por sus supuestos protagonistas.
En realidad allí, en el lugar de
los hechos, no había taquígrafos,
ni magnetófono, ni era normal tener los
discursos escritos de antemano.
Pensemos, por ejemplo,
un jefe militar que se quiera dirigir a las tropas;
es difícil que se hiciera sentir por una
multitud de tres o cuatro mil guerreros en formación
de combate. En realidad estos guerreros ocuparían
una extensión de casi un kilómetro.
¿Cómo podría haber pronunciado
un discurso sin altavoces?. ¿Quién
podría haber estado en aquellos momentos
trágicos, previos al combate, tomando nota
taquigráfica?. Ademas, estos discursos,
a menudo, contienen razonamientos muy difíciles
de hacer en pleno campo de batalla. Como mucho,
se podrían gritar frases cortas,
que luego se repitieran continuamente o que un
caudillo militar podría ir transmitiendo
a medida que cabalgaba delante de las tropas.
Tal vez, algunas de estas ideas podrían
corresponder a frases realmente pronunciadas por
el protagonista en el seno de un pequeño
grupo, antes de iniciar el combate. En todo
caso, lo que es cierto es que los mencionados
discursos no fueron pronunciados jamás
con las florituras oratorias con que nos han sido
transmitidas por los autores de las fuentes primarias.
¿Qué son entonces estos textos?.
¿Son fabulaciones literarias sin base real?.
¿Qué podríamos plantear desde
la criticas textual?. Naturalmente son composiciones
literarias, libremente elaboradas por los
autores antiguos con la finalidad de intentar
transmitir la sensación de angustia,
de euforia, de terror o de grandeza del
momento histórico. No podría ser
de otra forma. Pero ello, no significa que no
ofrezca información interesante para el
historiador. Lo que deberá saberse es que
información es parcial por interesada,
o por ser, simplemente, el punto de vista de una
de las partes del conflicto.
Por ello, ante una fuente textual es necesario
que nos planteemos, que intentemos averiguar las
condiciones en las que pudo elaborarse la fuente.
Que intenta conseguir y que relación tiene
el emisor con el hecho. Estos aspectos condicionan
la veracidad de lo relatado o, simplemente, la
parcialidad mayor o menor del que escribe. Los
discursos de Cicerón, que eran leídos
delante de una asamblea selecta, en un estilo
bien depurado y preparado; en estos casos si que
sabemos que el Senado romano escuchó aquellas
palabras. Pero aquí nos deberíamos
preguntar: ¿qué pretendía
Cicerón al defender aquellas ideas? ; ¿a
favor o en contra de quienes estaba? ; ¿qué
problema dio origen a sus intervenciones? ; ¿cuáles
eran sus intereses en esta cuestión?.
Hemos examinado dos tipos distintos de fuentes
primarias; en el primer caso hemos visto narraciones,
crónicas o históricas en los que
sus autores tienen un argumento, un mensaje y
un objetivo. Para conseguir el objetivo,
pone en boca de los protagonistas aquello que
creen que es lo mas adecuado para convencer al
lector, para transmitir al lector el sentido
de la Historia.
En el segundo caso se trata de documentos que
se redactaron para ser presentados y leídos
delante de un auditorio. Naturalmente, en
estos casos, la fuente es necesario contextualizarla
correctamente, ya que probablemente transmite
una información literal pero fue escrita
para conseguir algo en una polémica o en
un conflicto, y la posición, en este caso
de Cicerón no era neutra en el senado romano.
Ademas de todo cuanto hemos dicho, el análisis
crítico de fuentes deberá tener
en cuenta otros factores, como el autor
o autores materiales de la fuente textual; por
el protagonista o sujeto de la acción,
por las circunstancias y condicionantes materiales
en los que se desarrolló la acción
o el hecho y finalmente por la forma como lo relata.
Cuadro 8. ¿Cómo detectar
la falsedad, parcialidad o subjetividad de una
fuente histórica?
1º
El autor o autores de las fuentes no disponen
de toda la información fiable ni precisa
para informarnos de un suceso. Ello puede darse
por no hallarse el informante en el lugar adecuado
y en el momento preciso; o bien porque el informante
desconoce, por ejemplo, la lengua
a las costumbres sociales de la sociedad de
la cual pretende informar objetivamente. Sea
por un motivo o por otro, nos conduce
a errores involuntarios. Es importante preguntarnos,
ante cualquier tipo de fuentes por la situación
del informante en el momento de emitir su información.
¿Podía realmente ver lo que ocurría?.
2º
El autor o autores de la fuente puede que no
tengan libertad para decirnos, aquello
que saben o han visto sobre un suceso. Un cronista
pagado por un magnate no puede escribir nada
que perjudique la imagen del magnate; un periodista
sujeto a control político no puede informar
de determinados hechos. En estos casos,
el historiador debe preguntarse ¿de quién
depende?, ¿quién le paga?¿Cuál
es su base de apoyo?¿era realmente libre
de opinar? etc..
3º
Una fuente puede estar distorsionada por la
adscripción del autor de la fuente a
un determinado grupo social, o económico,
o político, o religioso o nacional. ¿Podía
un cronista ingles del siglo XVI hablar de Felipe
II sin que un escalofrío recorriera su
cuerpo?. ¿Podía un cronista luterano
hablar desapasionadamente de las matanzas de
protestantes?, o bien ¿podía un
obrero bolchevique narrar desapasionadamente
los hechos en los que se vio involucrado en
1917 y de los que fue protagonista?. Es por
todo ello que hay que situar a la fuente en
su lugar apropiado, en su contexto histórico
(social, ideológico, político
etc)
4.6. EL PROBLEMA DEL APRENDIZAJE
DE LA CAUSALIDAD HISTÓRICA
Establecer las causas de
los hechos históricos y explicar correctamente
un acontecimiento o periodo es el último
paso que realiza el historiador para completar
una investigación. En el ámbito
escolar la explicación histórica,
que incluye las causas y las consecuencias, se
suele dar cerrada, como si fuera un axioma, y
el alumnado difícilmente puede suponer
como se ha llegado a ello. Por lo tanto esta parte
del proceso de aprendizaje deberá considerarse
como final de un proceso formativo en el que se
irán haciendo, como más adelante
se dirá, sucesivas aproximaciones para
poder llegar a elaborar una explicación
razonada y basada en evidencias. Hemos incluido
en el título del apartado la palabra problema
porque esta parte de las actividades de aprendizaje
resultan complejas dada la tendencia que existe
a confundir causa y motivo y, sobre todo, a ver
el pasado con criterios morales y no científicos.
4.6.1. Aprender
a preguntarse sobre los hechos del pasado
Dentro de los cometidos del historiador
se halla el interrogarse sobre el pasado,
es decir, que tipo de cuestiones podemos pedir
al pasado. Es natural que una buena parte de estas
preguntas se refieran a la causalidad, es decir,
a analizar las causas por las cuales en determinados
momentos ocurren los hechos. Enfocar el problema de la causalidad histórica significa
establecer la correcta comprensión de las
relaciones causa-efecto; naturalmente los hechos
históricos poseen más de una causa.
Este problema, a menudo limitado a la Historia,
es susceptible de aplicación a otros campos
tales como la economía, la Antropología,
la Geografía y otras disciplinas sociales.
La comprensión de la causalidad en Ciencias
Sociales exige unos procesos formales generales
e integrar conceptos específicos de disciplinas
diversas, de modo que establecer las causas y
consecuencias es una tarea compleja. El establecimiento
de la causalidad presenta dificultades evidentes
para los alumnos de los primeros ciclos. Ténganse
en cuenta que el intervalo entre causa y efecto
suele variar; en los procesos históricos
puede ser que un hecho tenga consecuencias a corto
plazo, a largo plazo, directas e indirectas.
Además, hay causas coyunturales y causas
estructurales de los hechos.
Por otra parte, hay que prever que los acontecimientos
tienen más de una causa y tienen más
de una consecuencia. Además, pueden
plantearse hechos que son causa y a la vez una
consecuencia, en sucesiones temporales ininterrumpidas.
Finalmente, es importante diferenciar los motivos
de las causas. Entendemos por motivos las razones
que los hombres y mujeres tenemos para hacer o
no hacer las cosas; también en este caso
no actuamos por un sólo motivo.
Tanto las causas
como los motivos son susceptibles de ser clasificados
en económicos, sociales, políticos,
ideológicos, etc.
4.6.2. El
aprendizaje de la causalidad
Con respecto a la adquisición de este concepto
en los primeros estadios de la escolarización,
hay que tener presente que el pensamiento del
niño se ve limitado temporalmente y sólo
es capaz de comprender relaciones de causa/ efecto
si estas están muy próximas en el
tiempo. Entienden relaciones simples de una o
dos variables, siempre que sean inmediatas.
En las etapas subsiguientes, correspondientes
al final de la educación primaria
y el inicio de la secundaria, el alumno
puede empezar a diferenciar tipos de causas, aun
cuando esta capacidad de distinción no
está generalizada; hasta el final de esta
etapa le será muy difícil entender
que un hecho puede tener más de una causa.
Por lo tanto, estos conceptos sólo pueden
trabajarse a partir de situaciones cotidianas
y reales. Este será el momento en que se
puede ampliar a problemas de tipo mecánico,
geográfico, antropológico,
pero es discutible que se puedan aplicar al tiempo
histórico.
Solamente cuando nos hallamos ante el grupo de
edad de alumnos de cursos medios o superiores
de la educación secundaria puede empezarse
a trabajar los temas causales globalmente, es
decir, estableciendo una red de relaciones causa-efecto
entre diversos hechos y situaciones. Para conseguir
este objetivo resulta útil iniciarse en
la investigación histórica a partir
de juegos de simulación o "trabajos
de detective", tal como se plantea en el
Proyecto "Taller de Historia" del grupo
Historia 13-16" (ver bibliografía).
A edades superiores a los 15 o 16 años
es cuando el alumnado será capaz de atribuir
un fenómeno a varias causas que actúan
conjuntamente y a tratar cada causa como una variable
que, pese a que puede actuar interrelacionadamente
con otra variable, debe poder ser analizada independientemente
del resto.
En esta etapa ya se pueden diferenciar las explicaciones
causales, o sea, las que se refieren
a las circunstancias que causaron el acontecimiento
de las explicaciones intencionales que
se refieren a las motivaciones que tuvieron las
personas para intervenir en los hechos. Precisamente
son las múltiples relaciones que se establecen
entre las explicaciones causales e intencionales
las que posibilitan la formulación de una
teoría que explique el acontecimiento.
Los elementos que han de servir de base para trabajar
lo anteriormente expuesto son los siguientes:
La causalidad es una noción temporal
y requiere ser abordada en un aprendizaje en espiral,
aplicando sus aspectos más simples en los
primeros estudios sistematizados de la Historia.
Entre los componentes de la causalidad,
que influyen en la enseñanza de la Historia
debe tenerse en cuenta los siguientes:
a)Principio de la Ley General de Causalidad,
es decir, que en condiciones iguales,
a toda causa le sucede un mismo efecto. La causa
es siempre origen del efecto y le precede en el
tiempo.
b) Reglas de interferencia: permiten decidir
qué causas e intenciones son las más
adecuadas para la explicación histórica
en un momento determinado. Su comprensión
exige un pensamiento formal.
c) Elaboración de teorías explicativas
que relacionan las diversas causas (económicas,
jurídico-políticas, sociales e ideológicas)
en una red conceptual jerarquizada y compleja.
4.6.3. Como
acercar al alumnado al concepto de causalidad
La enseñanza-aprendizaje
de la noción de causalidad e intencionalidad
se suele plantear en tres niveles de comprensión.
El primero es el más sencillo: trata de
identificar el "por qué" ocurrieron
los hechos. Se trabaja con simples problemas de
casualidad lineal, en una mera relación
de causa efecto.
El segundo nivel de comprensión introduce
la acción intencional y se inicia con la
identificación de diferentes tipos de factores
causales y acciones intencionales.
El tercer nivel es el más complejo, ya
que se articulan la explicación intencional
y la causal, como ocurre en la realidad, y se
elaboran teorías explicativas más
o menos complejas. Se supone que para abordar
este aprendizaje el niño debe haberse familiarizado
ya con algunos aspectos del trabajo del historiador,
tales como el planteamiento de las hipótesis,
clasificar y analizar las fuentes, evidenciar
las contradicciones de los testimonios etc.
En un primer nivel de comprensión, el objetivo
fundamental consiste en pasar de la noción
intuitiva de la causalidad a una noción
científica de la misma, mediante
la comprensión de la ley general de causalidad.
Se explica el concepto de causalidad lineal en
su relación de causa-efecto.
Las estrategias, en este nivel, pueden ser
juegos de simulación que permiten determinar
los esquemas conceptuales que poseen los niños
y presentar los nuevos conocimientos mediante
un organizador previo: se trata de problemas simples
que se resuelven mediante cuestiones del tipo
"¿por qué descarrila el tren?".
La respuesta que se pide puede ser, inicialmente
sencilla:"la vía estaba en rota".
El segundo nivel tiene por objetivo comprender
la noción de intencionalidad y su tipificación
en económica, social, jurídico-política
e ideológica. También puede plantearse
a través de juegos de simulación
de la vida cotidiana mediante un relato breve.
A partir de ellas se pueden determinar los motivos
de un joven de 17 años para trabajar en
Londres en vez de estudiar medicina, o los
de Marta para cursar periodismo en vez de enfermería,
etc.. Respecto al problema visto en el nivel anterior
se podría complicar la explicación
causal con preguntas como: ¿quién
es el responsable del mantenimiento de las vías?,
¿qué hicieron los que deben vigilar
el transito de trenes en la zona?, ¿por
qué no se invirtió dinero suficiente
para mejorar el trazado o para sustituirlo por
uno más seguro?, etc.
Cuando estas preguntas
comienzan a responderse de manera racional y,
globalmente satisfactoria, deben comenzarse a
introducir temas explícitamente históricos:
las causas y motivos de un hecho concreto (por
ejemplo, los motivos hacía que los conquistadores
españoles se dirigieran a América
y las causas del llamado descubrimiento).
Finalmente, en un tercer nivel de comprensión,
el objetivo ya puede ser la multicausalidad,
utilizando las leyes de la inferencia y elaboración
de teorías explicativas. En
los trabajos de Pozo y Carretero en los que se
analizan determinadas experiencias entre adolescentes
y adultos referidas a la causalidad histórica,
los resultados parece que indicaron que el dominio
de la causalidad dista de ser completo en los
estudiantes no expertos en Historia. Sin embargo,
parece obvio que la causalidad histórica
compleja es de difícil adquisición
tanto para niños y niñas como para
adolescentes y, incluso, para los mismos adultos. |