La didáctica de la historia en Alemania: una aproximación a sus características.
Rafael Valls, Universidad de Valencia
Verena Radkau, Georg Eckert Institut
(Publicado en Iber. Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia: 21, 1999, 89-105)
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Una
didáctica de la historia poco conocida.
La didáctica
alemana de la historia no ha contado con la atención
prestada, por ejemplo, a la didáctica inglesa,
francesa o incluso norteamericana. Muestra de
ello es la casi total ausencia de citas bibliográficas
referidas a las investigaciones alemanas. Lo es
también el hecho de la escasa existencia
de traducciones de sus principales aportaciones,
aunque esta situación sea bastante común
al conjunto de las otras didácticas, tal
vez con la excepción de los paises de lengua
inglesa o francesa.
Intentar paliar
este desconocimiento, aunque sea parcialmente,
es el principal objetivo que nos hemos planteado.
Para ello realizaremos una breve descripción
de la evolución reciente de esta didáctica
y pasaremos, posteriormente, a tratar sus principales
lineas de investigación en la actualidad,
introduciendo algunos comentarios sobre los importantes
problemas didáctico-educativos planteados
a raiz de la reciente reunificación alemana.
La nueva didáctica
alemana de la historia a partir de los años
setenta.
Las demandas
de reforma política y de profundo cambio
social manifestadas a finales de los años
sesenta se hicieron patentes tanto en el ámbito
directamente político (reivindicaciones
de diversos grupos sociales, especialmente de
los estudiantes universitarios, y triunfo de la
coalición social-liberal) como en el más
estrictamente educativo. Las palabras clave de
este periodo, sintetizadas en el lema de "atreverse
a vivir con mayor democracia", fueron las
de participación, emancipación,
menos gobierno y menos subordinación. A
todo ello se unió una visión más
positiva de la noción de conflictividad
(en contraposición a la anteriormente sustentada
armonía) y la defensa de una mayor igualdad
de oportunidades para el conjunto de la sociedad
[1] .
La renovación
de la reflexión didáctica y de la
enseñanza de la historia no puede ser separada
de este ambiente de reforma política y
de cambio social. Por una parte, un grupo de jovenes
historiadores alemanes, influidos por la Teoría
Crítica de la Escuela de Frankfurt, impulsaron
una nueva historia social, de contenido más
teórico y crítico, y plantearon
la necesidad de repensar las funciones sociales
tanto de la investigación como de la enseñanza
de la historia
[2] . Por otra, los debates a proposito
de los currículos escolares de historia
se intensificaron y aparecieron planteamientos
bastante diferenciados, cuando no contrapuestos.
Los principales enfoques didácticos del
momento centraron su punto de atención
en diversos aspectos neurálgicos del proceso
de enseñanza-aprendizaje de la historia.
Unos, basándose en las teorías crítico-comunicativas;
otros, centrándose en las teorías
del aprendizaje. No faltaron tampoco los defensores
de una orientación más directamente
vinculada a la disciplina histórica, así
como los impulsores de una visión más
estructuralista, apoyada en una síntesis
entre la nueva historia social y las nuevas teorías
del aprendizaje.
Los intentos
de sistematizar las diferentes corrientes didácticas
existentes en este periodo ha sido objeto de discusión
y no existe consenso al respecto. Para algunos
autores son básicamente tres las lineas
predominantes. La primera estaría centrada
en los problemas inherentes al establecimiento
de un curriculum modernizado y viable desde
una perspectiva pragmático-ecléctica,
sin profundizar en las consecuencias que la concreción
de todo curriculum comporta. La segunda
se definiría por la configuración
de una didáctica basada en las características
propias de la renovada ciencia histórica,
que, según sus defensores, ya disponía
de una consistente capacidad crítica. La
tercera tendría su punto de referencia
en la teoría social crítica y en
el tratamiento de los problemas sociales más
relevantes del momento, aunque éstos no
hubieran sido objeto de las investigaciones propiamente
historiográficas
[3] . Para otros autores, la didáctica
alemana de la historia presentaba un mayor número
de corrientes y de lineas de investigación
en los años setenta y primeros ochenta [4] .
El resultado
más palpable de esta renovación
didáctica de los años setenta fue
la aparición de una nueva serie de manuales
escolares en los que, junto a un uso más
argumentativo de la narración histórica,
se hicieron presentes las fuentes historiográficas
y las preguntas-cuestiones dirigidas a los alumnos
con la intención de posibilitar un mayor
desarrollo de un razonamiento propiamente histórico.
La valoración
de los cambios ocurridos en los años setenta
ha sido diversa. Para la mayoría fue una
época "heroica" tanto por la
profundidad alcanzada en los debates como por
la aparición de nuevas publicaciones periódicas
y de nuevas organizaciones profesionales; para
otros, más escépticos, fue un periodo
en que no quedó clara la finalidad perseguida
mostrando sus dudas respecto de si fue un periodo
reformador o si simplemente lo fue "modernizador"
[5] .
La corriente
que a partir de los ochenta se mostró como
la más aceptada y más potente fue
la partidaria de centrar tanto la investigación
didáctica como la enseñanza de la
historia en la llamada "conciencia histórica"
(Geschichtsbewusstsein). Este concepto,
que por su carácter abierto permitió
un amplio consenso en su favor, ha sido objeto
de numerosos desarrollos e investigaciones. Una
formulación sencilla de su amplio y polivalente
significado es la ofrecida por J. Rüsen,
según la cual "se puede describir
como la actividad mental de la memoria histórica,
que tiene su representación en una interpretación
de la experiencia del pasado encaminada a poder
comprender las actuales condiciones de vida y
a desarrollar perspectivas de futuro de la práctiva
vital conforme a la experiencia"
[6] . Una de las aportaciones más
significativas de la corriente de la "conciencia
histórica" fue la de ampliar el objeto
de atención de la didáctica de la
historia a todos los ámbitos sociales en
que la educación histórica estuviese
presente, sin restrigirlo a la enseñanza
escolar. De este modo pasaron a ser considerados
objetos propios de la didáctica, entre
otros, los museos y los programas y debates de
contenido histórico presentes en las emisiones
de la radio o de la televisión.
Estos mismos
autores consideran la didáctica de la historia
como parte fundamental de la propia ciencia histórica,
en la que estarían integradas conjuntamente,
en una relación de interdependencia, tanto
la teoría y la investigación historiográficas
como la didáctica de la historia, entendida
ésta como la dimensión de la ciencia
historiográfica dedicada al estudio de
los problemas relacionados con el aprendizaje
histórico, en cualquiera de las circunstancias
en que éste se pretenda [7] .
Estas dos últimas
ideas, la de una didáctica con una proyección
también extra-escolar y la de una didáctica
como parte integrante de la ciencia histórica,
pueden resultar altamente chocantes y provocativas
en nuestro ámbito. Sin embargo, hay que
considerar que son propuestas que merecen ser
contempladas con cierto detenimiento y sin juicios
precipitados. Por una parte, es bastante claro
que las didácticas han ido ampliando progresivamente
su campo de atención. Si hace no muchos
años éstas se centraban fundamentalmente
en la enseñanza primaria y ahora ya aparece
como algo evidente su ampliación a la enseñanza
secundaria y comienza a verse como imprescindible
su extensión a la universitaria, ¿por
qué las didácticas no pueden también
sobrepasar el ámbito estrictamente escolar
y preocuparse de las situaciones en que los distintos
componentes de una sociedad tienen que vérselas
con un determinado tipo de aprendizaje, en nuestro
caso, de tipo histórico o histórico-social?.
Es evidente que tradicionalmente el ámbito
escolar ha sido el objeto exclusivo de las didácticas,
pero es también cierto que actualmente
el conocimiento histórico y su uso público
están presentes en otros muchos lugares
(todo el amplio espectro que el mundo anglosajón
define como la Public History). Si esto
es así ¿por qué la didáctica
de la historia no puede o incluso debe de ocuparse
de tales situaciones y problemas de aprendizaje
histórico y aportar su análisis
y sus propuestas para mejorar tales ofertas y
sus posibles influencias?. Evidentemente estamos
ante un tema-debate totalmente abierto, tal como
ya sucedió en Italia y está ocurriendo
en otros paises
[8] .
La
vinculación más o menos disciplinar
de las didácticas específicas es
una cuestión muy compleja. En este artículo
no disponemos del espacio suficiente para esta
cuestión que requiere ser abordada de forma
muy precisa. Nuestra pretensión, en esta
ocasión, es simplemente la de mostrar un
planteamiento diferente a los aquí predominantes.
La década
de los noventa ha estado profundamente condicionada
por los problemas generados a partir de la reunificación
de Alemania. Las dos anteriores formas de enseñar
historia, con dos interpretaciones historiográficas
normalmente confrontadas y con dos concepciones
didácticas fuertemente separadas, exigía
la busqueda de una didáctica y de
una enseñanza de la historia adecuadas
a la nueva situación política y
social. Desde un primer momento se intuyó
que la posible solución no iba a ser fácil
de encontrar. Se partía de dos concepciones
muy distintas de la didáctica y de dos
prácticas investigadoras también
diferentes. La didáctica alemano-occidental
se había caracterizado por su dedicación
a la investigación teórica sobre
las finalidades sociales de la enseñanza
de la historia dentro de una sociedad plural,
tanto en su vertiente política como en
la científica. La alemano-oriental, por
el contrario, se había centrado en los
aspectos metodológicos de la enseñanza
de la historia, ya que las cuestiones relacionadas
con sus finalidades sociales estaban estrictamente
definidas por el poder político y no cabía
debate al respecto. De hecho, el estudio de los
problemas relacionados con el proceso de enseñanza-aprendizaje
de la historia, en la Alemania oriental, no era
definido como didáctica, sino como
metódica. La formación de
los docentes de historia también era distinta.
En la Alemania occidental se privilegiaba su formación
historiográfica, mientras que en la Alemania
oriental su formación inicial era básicamente
de tipo pedagógico y con especial atención
a la parte más instrumental-recursista
de la didáctica
[9] .
El aspecto más
dramático de la nueva situación
política ha sido la depuración realizada
sobre una parte considerable tanto de los docentes
como de los didactas de historia de la Alemania
oriental. Muchas de las cátedras de didáctica
de la historia en las universidades de la parte
oriental han sido ocupadas por investigadores
de procedencia occidental. Lo mismo ha ocurrido
con los actuales manuales escolares de historia,
básicamente similares, y a veces idénticos,
a los occidentales [10] .
Principales
lineas actuales de investigación
La
conciencia histórica, la competencia narrativa
y el aprendizaje de la historia.
¿Qué
distingue el aprendizaje histórico de otras
formas de aprender y le da su carácter
propiamente histórico?. Para J. Rüsen
esta pregunta es esencial a la hora de desarrollar
un modelo explicativo. En su opinión, esta
especificidad se situa en la tarea de experimentar
e interpretar el tiempo para poder orientarse,
mediante la memoria histórica, en la propia
vida. La operación constitutiva de la conciencia
histórica, en su opinión, es la
narración, entendida ésta no como
una mera descripción, sino en el sentido
de una forma de saber y de entendimiento antropológicamente
universales y fundamentales. Esta "competencia
narrativa", que es la que se pretende
alcanzar mediante el aprendizaje histórico,
cumple una función de orientación
para la vida actual, dado que posibilita representarse
el pasado de manera más clara, percibir
el presente de manera más comprensible
y adquirir una perspectiva del futuro más
sólida
[11] .
En relación
con esta función de orientación
propia de la competencia narrativa se suele
distinguir cuatro tipos o modos básicos
de narración histórica que pueden
presentarse de forma solapada en la práctica:
El modo de
generación de sentido tradicional se
asienta en el conocimiento de las tradiciones,
en el recuerdo de los orígenes de las formas
de vida actuales (basándose fundamentalmente
en los mitos de origen y en las conmemoraciones
oficiales). Es un factor medular en la formación
de identidades colectivas resistentes al cambio
y suele ser inducido consciente y organizadamente
cuando se trata de legitimar el poder a través
de las tradiciones. Uno de los principales problemas
que plantea este modo es el de las escasas o nulas
perspectivas de futuro que genera.
El modo de
generación de sentido ejemplar es el
que propone que de las experiencias pasadas se
deduzcan las reglas generales para guiarse en
el presente y en el futuro. Es una forma de narración
también muy frecuente en el discurso político,
no tanto como recurso nostálgico como el
modo anterior, sino en un sentido más programático,
vinculado al aprendizaje a partir de los errores
del pasado.
El modo de
generación de sentido crítico
es el que cuestiona los modelos de interpretación
historica vigentes y diseña modos alternativos
que desarrollan la capacidad de negar las definiciones
impuestas previamente. La historia de las mujeres
sería una muestra muy representativa, entre
otras, de este modo crítico de generación
de sentido mediante la narración histórica.
El modo de
generación de sentido genético
que, al considerar el cambio como condición
previa para la continuidad humana, lo concibe
no como elemento desestabilizador y amenazante,
sino como una oportunidad abierta, como un proceso
en transformación. Este cuarto modo se
apoya en la reflexión sobre la distancia
temporal y en la ampliación de la experiencia
mediante el desarrollo de estructuras lógicas
y retóricas similares a las de las construcciones
autobiográficas.
Los dos últimos
modos de generación de sentido, que requieren
una mayor complejidad de las operaciones mentales,
son los que mejor pueden permitir el reconocimiento
del propio devenir histórico, más
allá de cualquier identidad exclusiva,
y posibilitar también una mirada más
profunda hacia los "otros" y a su paso
por el tiempo.
La principal
consecuencia de este enfoque teórico, en
relación con el proceso de aprendizaje
histórico, es que el sujeto no queda en
una actitud pasiva a la hora de recibir el conocimiento
histórico como si fuese algo ya dado, sino
que "narrando historias" se convierte
en participante activo y productivo dentro del
proceso de aprendizaje. La competencia narrativa,
desde esta perspectiva, implica una manera racional
de narración, basada en el discurso, en
la argumentación de por qué se narra
de una manera determinada y no de otra. Este potencial
racional de la narración implica también
el reconocimiento de que somos el resultado de
una socialización previa, esto es, que
tenemos una buena parte de la historia, que debe
de ser reflexionada, ya dentro de nosotros.
El problema didáctico
reside, obviamente, en el conocimiento detallado
de la forma en que se adquiere conciencia histórica
en el proceso de socialización, en cuáles
son los niveles de desarrollo de la competencia
narrativa y en cómo se interrelacionan
tales dimensiones. Rüsen, a quien hemos seguido
en este apartado, sugiere el uso de los cuatro
tipos de narración como hipotéticos
niveles en el proceso del desarrollo de la competencia
narrativa, teniendo en cuenta que éstos
no se separan de forma mecanicista, sino que unos
son resultado de los anteriores y que los cuatro
se interrelacionan. Otros autores, como H.J. Pandel,
también inciden en esta característica
de su interrelación, aunque utilicen otras
categorías descriptivas, sea respecto de
la dimensión histórica (conciencia
del tiempo: ahora, antes, después), de
la realidad (real/histórico, imaginario),
de la historicidad (estático-dinámico)
o sea de la dimensión social: conciencia
de una identidad (nosotros-ellos), de lo político
(arriba-abajo), de lo económico-social
(pobre-rico) o de lo moral (correcto-falso).
En ambos planteamientos
parece darse cierta indeterminación entre
la descripción y la prescripción
respecto del carácter de la categoría
de conciencia histórica, a la vez que una
cierta ambivalencia entre lo fáctico y
lo normativo. Lo mismo ocurre respecto de su propósito
de reconstruir el pasado de manera "objetiva",
en cuanto posibilidad de un consenso intersubjetivo,
y la necesidad de abandonar un terreno "neutral"
a la hora de dotarlo de sentido y de valorarlo.
Rüsen resume esta complejidad en su definición
de las relaciones entre el conocimiento y la conciencia
históricos: "Historia es... una síntesis
de dentro y fuera, de "real" y "ficticio",
de objetivo e intencional, de empírico
y normativo. La conciencia histórica es
realización y resultado de esa síntesis"
[12] .
Mitos, ficciones
y emociones en la configuración de la conciencia
histórica.
Buena parte
de los didactas alemanes de la historia abogan
actualmente por no contraponer
de manera dicotómica los elementos cognitivos
e imaginativos de la producción de sentido
histórico. La conciencia histórica,
en su opinión, se forma en la interrelación
de ambos factores. Consideran que la actual visualización
y estetización de la cultura histórica,
a través principalmente del cine, la televisión
o la literatura, por más autenticidad histórica
que pretendan, contienen ficciones. En su apreciación,
lo importante desde una perspectiva didáctica
crítica es la capacidad de reconocer esas
ficciones como algo construido y, por tanto, deconstruible.
Denunciar exclusivamente el potencial manipulador
que los distintos tipos de poder tienen
a través de los mitos, leyendas e imágenes,
en sus distintas concreciones, no es suficiente.
Hay que intentar entender también la función
que tales fenómenos cumplen en la satisfacción
de necesidades humanas muy profundas. Estos rituales
conmemorativos y "lugares de la memoria"
son la materia con la que se construyen identidades
colectivas y "comunidades imaginadas"
en el sentido descrito por B. Anderson o E.J.
Hobsbawn. Es evidente que estos elementos tienden
a despertar emociones que permiten la integración
de las partes heterogéneas de una sociedad
en una unidad mayor y realizan la "nacionalización
cultural" de la vida cotidiana. Su anclaje
en los niveles emocional y preconsciente es una
de las principales razones de la perdurabilidad
de tales mitos e imágenes, no sólo
en épocas pretéritas sino en la
más pura actualidad. De ahí la necesidad
de tener en cuenta y de realizar un esfuerzo constante
entre la necesaria imaginación histórica,
como puente con el pasado, y la necesidad de su
deconstrucción crítica. La relación
con el presente no debe establecerse instrumentalizando
el pasado y encubriendo lo distante y a veces
radicalmente otro que tiene para nosotros, sino
sirviéndonos de esa otreidad para
motivar el aprendizaje histórico.
El nuevo interés
por el sujeto del aprendizaje ha despertado también
la necesidad de conocer la importancia de sus
emociones en el proceso de aprendizaje histórico.
Lo que se plantea ahora es su aceptación
como una condición previa para la reflexión
didáctica. En un concepto amplio de conciencia
histórica se incluirían, por tanto,
las dimensiones de lo cognitivo, lo imaginario
y lo emocional, ampliando las posibilidades de
diálogo entre la didáctica de la
historia y gran parte de las otras ciencias sociales
que tienen como objeto de estudio, desde distintas
perspectivas, tales comportamientos humanos (principalmente,
la antropología, la etnología, la
psicología y la sociología)
[13] .
Entre la emancipación
y la identidad razonable.
¿Pueden
las sociedades complejas establecer una identidad
razonable?. La pregunta que Habermas se
hacía hace ya más de veinte años
sigue siendo una cuestión central en la
didáctica alemana de la historia. El epíteto
"razonable" es fundamental en cuanto
que indica que existen identidades no razonables,
que tienden intrínsecamente a delimitar
y a excluir. La alternativa, como ya se constató
en el párrafo anterior, no puede ser negar
la necesidad humana de establecer identidades
individuales y colectivas. Dado el carácter
ambivalente de las posibles identidades, una de
las exigencias básicas de la enseñanza
de la historia debe ser la de reflexionar de manera
crítica sobre las identidades propias y
las ajenas. La necesidad de una actitud autocrítica
es tanto más urgente en cuanto que la enseñanza
de la historia ha formado parte tradicionalmente,
de manera muy destacada, de la cultura histórica
de las distintas sociedades. Por cultura histórica
se entiende aquí la articulación
práctica de la conciencia histórica
en una sociedad determinada, en la que quedan
integradas tanto la enseñanza escolar de
la historia como los rituales conmemorativos oficiales
y el resto de "lugares de la memoria"
con sus elementos cognitivos, imaginarios y emocionales
ya citados.
El dilema de
la identidad o las identidades es un problema
abierto en la didáctica alemana. Se parte
de que si la enseñanza de la historia no
hace transparente su propia ubicación dentro
de una oferta de identidades y a su vez ofrece
identidad como algo positivo ¿cómo
puede sostenerse fehacientemente y al mismo tiempo
que, por una parte, las identidades son construcciones
que de manera frecuente instrumentalizan la historia
para crear determinadas solidaridades grupales
y, por otra, que existen construcciones alternativas?.
Desde el concepto de identidad razonable
se pretende romper el circulo vicioso de la pretensión
excluyente de la identidad para ubicarla en un
contexto de competencia de identidades, en el
que quedarían incluidas tanto las múltiples
identidades que integra cada individuo en sus
diferentes ámbitos de vida, como los cambios
de identidades a través del tiempo y de
los contextos regionales, nacionales e internacionales
de las identidades colectivas, sustrayéndolas
de la lógica de la contraidentificación.
Desde una perspectiva
complementaria, algunos didactas proponen la historia
universal como el punto de partida del aprendizaje
histórico. A través de su estudio
y análisis, los alumnos pueden adquirir
formas ampliadas y fortalecidas de identificación
dado que mediante la mirada hacia lo otro y los
otros se puede aprender más sobre nosotros
mismos que en un enfoque ensimismado en lo propio.
Para autores
como B. von Borries, preocupado por superar las
visiones eurocéntricas, un enfoque de este
tipo puede contribuir eficazmente a desarrollar
en los alumnos una mayor sensibilidad para el
futuro en un momento, como el actual, de aceleración
de la historia universal. Este planteamiento pretende,
igualmente, poner de manifiesto la interdependencia
económico-ecológica universal, así
como las cuestiones y problemas en los que toda
la humanidad está concernida y que requieren
el desarrollo de nuevas formas de responsabilidad
y de una ciudadanía o lealtad mundiales [14] .
Para otros didactas,
no ha existido un auténtico debate
respecto de la validez del concepto de emancipación
ni sobre el alcance de la "identidad nacional"
como posibles orientaciones básicas del
aprendizaje histórico. En opinión
de G. von Staehr, la aceptación generalizada
de la categoría de conciencia histórica,
como categoría central de la didáctica
de la historia, impidió una mayor profundización
en tales conceptos y en sus consecuencias educativas,
con lo que su posible confrontación quedó
diluida y los contornos de ambas posiciones perdieron
nitidez. Para von Staehr este consenso mayoritariamente
alcanzado ha significado un desplazamiento de
las preocupaciones didácticas hacia áreas
más de tipo psicosocial e integrador (fomento
de la capacidad empática, educación
de la emotividad o autorrelativización
de las propias posiciones) que hacia un interés
más propiamente histórico, que debería
centrarse en los intereses y posiciones sociales
de los propios alumnos [15] .
La
dimensión práctica de la didáctica
de la historia y los estudios empíricos.
Los propios didactas
alemanes-occidentales reconocen el marcado cáracter
teórico de sus aportaciones e incluso la
conveniencia de asumir y beneficiarse de la tradición
más práctico-metódica de
la didáctica alemano-oriental. Una cierta
vía intermedia se está potenciando
en los últimos años a partir de
una serie de estudios "empíricos"
en los que se intenta detectar no tanto los conocimientos
históricos o el dominio de técnicas
históricas por parte de los alumnos, sino
más bien los intereses mostrados por éstos,
sus asociaciones, sus modelos interpretativos,
su grado de empatía y comprensión
de la otreidad histórica o sus deducciones
y referencias respecto del presente. Estos estudios
han sido prioritariamente cuantitativos, con poca
atención a los metodos cualitativos, aunque
se asuma la necesidad de complementar ambos enfoques
metodológicos.
Los resultados
obtenidos han puesto de manifiesto el escaso grado
de consecución, por parte de los alumnos,
de una conciencia histórica reflexiva y
contrastada. Siguiendo el modelo de la competencia
narrativa, propuesto por Rüsen, se podría
afirmar que los modos de generación de
sentido imperantes son los dos primeros, esto
es, el tradicional y el ejemplar. Son resultados
que pueden ser considerados frustrantes tanto
por los didactas de la historia como por los docentes
motivados por un cambio en las finalidades de
la enseñanza de la historia. El interés
de los alumnos por "la vida cotidiana de
los seres humanos comunes" o incluso por
el "nacimiento de las naciones" aparece
muy por debajo de su atracción por las
guerras o los grandes personajes y acontecimientos.
También es de destacar que, según
estos estudios, el interés de los jovenes
por la historia mundial más tradicional
es mucho mayor que el que sienten respecto de
la historia regional o por la microhistoria
[16] . En consecuencia, el logro de
un modo de generación de sentido genético
o crítico en el aprendizaje histórico
estaría aún muy lejos de ser el
predominante.
Un autor tan
representativo como B. Mütter acepta que
entre los didactas occidentales de la historia
hay un importante contingente que es reticente
a contactar con los aspectos y problemas práctico-profesionales
de la educación histórica, a pesar
de la constatación del escaso éxito
de sus conceptualizaciones didácticas en
relación con lo que acontece en las aulas
escolares. Este autor aboga por romper tal separación
previa entre las dimensiones teórica y
práctica de la didáctica y considera
que la actual situación en la reunificada
Alemania es una buena oportunidad para lograr
una síntesis a partir de los aportes complementarios
de las dos anteriores tradiciones alemanas. Considera
también que ambas tradiciones parten de
una problemática carencia de datos empíricos
respecto de los efectos reales tanto de la enseñanza
de la historia como de las características
de la conciencia histórica de los alumnos.
Para este autor, la reconstrucción de la
situación en que se produjo tal separación
de lo teórico y de lo práctico en
la didáctica de la historia, en las dos
partes de la Alemania dividida, es un camino que
puede ayudar a superar las actuales deficiencias.
Desde esta misma preocupación se pretende
impulsar un mayor intercambio internacional e
incrementar el grado de comparación entre
las distintas didácticas de la historia
existentes y sus formas de afrontar las principales
cuestiones y problemas que son de su incumbencia [17] .
No es sorprendente,
en este sentido, que uno de los principales centros
internacionales de investigación comparada
sobre la enseñanza de la historia esté
ubicado en Alemania. El Georg-Eckert-Institut
de Braunschweig nació hace ya casi 50 años
con la intención de impulsar la cooperación
científica internacional y la revisión
de los aspectos más agresivos y chovinistas
presentes en muchos de los manuales escolares
de historia o de geografía de los paises
europeos. Con los años se ha convertido
en un centro de investigación abiertamente
internacional y los anteriores encuentros de tipo
bilateral o binacional se han transformado progresivamente
en intercambios de tipo multinacional. Aunque
sus trabajos se centran fundamentalmente en los
manuales escolares, por su carácter de
instrumento básico en la enseñanza
de la historia, sus preocupaciones científicas
van mucho más allá de los propios
manuales y abarcan toda la gama de problemáticas
relacionadas con una concepción amplia
de la didáctica de la historia y de las
funciones sociales de su enseñanza
[18] .
Algunas consideraciones
finales
La didáctica
alemana de la historia podría ser calificada,
desde los actuales parámetros didácticos
españoles, como marcadamente epistemológico-disciplinarista,
esto es, como muy directamente vinculada a la
ciencia histórica, a la disciplina referente.
Este es un debate que en Alemania parece obviado,
por una parte, a partir de la consideración
de la historia como una ciencia social permeable
a las restantes ciencias de la sociedad y, por
otra, por su distintiva apreciación de
la continuidad temporal, que incluye las tres
dimensiones básicas del mismo: la interpretación
de pasado, la percepción del presente y
las expectativas del futuro. El concepto
de conciencia histórica y la interrelación
presente-pasado-futuro defendido por gran parte
de los didactas alemanes ¿están
próximos o son comparables con el enfoque
priorizador de los problemas relevantes del presente
como eje central de la enseñanza de la
historia/ciencias sociales planteado en nuestro
país o se queda a medio camino entre la
historia tradicionalmente enseñada y esta
otra alternativa?. Este es ciertamente uno más
de los debates que habrá que seguir profundizando.
La función
orientativa vital asignada a la enseñanza
de la historia en Alemania, así como su
función desmitificadora y deconstructora,
es especialmente importante y necesaria en las
sociedades occidentales, abrumadas por las informaciones
descontextualizadas y marcadas por la estética
de la emoción, muy propicias a llenar las
cabezas de datos, pero poco interesadas en impulsar
la reflexión o la capacidad democrática
de un pensamiento alternativo. El desarrollo de
una actitud más crítica y la asunción
de que informarse es una tarea que conlleva un
esfuerzo se imponen como condición imprescindible
para una consecución aceptable de la citada
orientación vital que la enseñanza
de la historia puede desempeñar.
El carácter
notoriamente académico de la didáctica
alemana, mucho más patente que en otras
didácticas occidentales, presenta muy diferentes
filos. Es cierto, por una parte, que les ha dotado
de una gran capacidad teórica y de una
preocupación por ir más allá
de una práctica desorientada. Por la otra,
esta misma separación les ha forzado a
tener que reconocer la poca repercusión
que su discurso didáctico tiene sobre el
alumnado real. Su actual preocupación por
el análisis empírico de la conciencia
histórica de los alumnos es un intento
de superar la situación creada y de aproximarse
a los problemas reales de la enseñanza-aprendizaje
escolar de la historia. En este sentido, tal vez
sean preferibles, al menos momentáneamente,
aquellos planteamientos didácticos que
combinan de manera más coherente las dos
dimensiones básicas y complementarias de
toda didáctica, esto es, la descripción
y análisis de los problemas más
significativos de la enseñanza-aprendizaje
de las distintas disciplinas y la elaboración
y experimentación de modelos didácticos
que, a la luz de los problemas detectados, ofrezcan
alternativas teórico-prácticas más
fundamentadas y coherentes.
El debate entre
la identidad razonable y la emancipación,
muy vinculado a las aportaciones de la Escuela
de Frankfurt y especialmente a las argumentaciones
de Th.W. Adorno y de J. Habermas, sigue siendo
un destacado objeto de atención por parte
de la didáctica alemana. La propia identidad
del yo, así como la del "nosotros"
(en sus diversas dimensiones) y la de los "otros",
sea como diferenciación o sea como "hostilidad
hacia el extraño-enemigo", han ocupado
y siguen ocupando un amplio espacio dentro de
la producción didáctica alemana.
Esta problemática se ha incrementado con
la reunificación de Alemania y las dificultades
surgidas a la hora de tratar las diferentes percepciones
impulsadas desde las dos anteriores partes de
Alemania. A la base de esta preocupación
están también tanto los debates
historiográficos surgidos en años
anteriores, a propósito de la especificidad
o no del Holocausto, como la presencia de actitudes
xenófobas y racistas entre una parte de
la población alemana. De ahí que
el carácter no excluyente de las distintas
identidades posibles sea una constante en sus
reflexiones.
Las dimensiones
socializadora y contra-socializadora de la educación
en general, y de la histórica en particular,
es un debate que difícilmente podrá
tener un final claro, en cuanto que son dimensiones
complementarias y necesarias del propio proceso
educativo y civilizatorio de toda sociedad. De
la identidad, entendida en un sentido crítico,
forma parte la capacidad de negarse y de decir
no ante definiciones impuestas.
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NOTAS
[1] . Véase la apretada síntesis de estas transformaciones realizada por Hans Süssmuth: "Federal Republic of Germany" en Karl Pellens; Siegfried Quandt y Hans Süssmuth (eds.): Historical culture-Historical communication. International bibliography. Frankfurt, Moritz Diesterweg, 1994, pp.183-222.
[2] . Portavoz de estos nuevos enfoques fue la revista Geschichte und Gesellschaft, en la que se preconizaba una revisión de los paradigmas historiográficos y una orientación más teórica de la historiografía así como una mayor atención a las funciones sociales de la historia y a los problemas relacionados con su enseñanza. La revista se fundó a principios de los años setenta y en ella participaron, entre otros, historiadores tan destacados como J. Kocka, R. Koselleck, W.J. Mommsen o H.U. Wehler.
[3] . Sistematización presentada por A. Kuhn en "Geschichtsdidaktik seit 1968. Zur Entstehungsgeschichte einer schwierigen wissentschaftlichen Disziplin" en K. Bergmann y G. Schneider, eds.: Gesellschaft-Staat-Geschichtsunterricht. Düsseldorf, Schwann, 1982, pp. 415-443.
[4] . Joachim Rohlfes, por ejemplo, establecía siete grandes corrientes dentro de la didáctica alemana de la historia, aunque utilizando criterios bastante dispares en su clasificación. Tres de estas lineas estarían centradas en el estudio de la práctica docente, de la teoría del aprendizaje y de la enseñanza práctica. Otras dos lineas tendrían como referencia fundamental las características básicas de la ciencia historiográfica y tendrían su expresión en la denominada corriente de la "conciencia historica", que posteriormente abordaremos con detalle. Las dos restantes tendencias se enmarcarían, respectivamente, una dentro de la orientación crítico-comunicativa, preconizada por la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, y otra dentro de parámetros más clásicamente marxistas.
[5] . Las principales revistas aparecidas en los años setenta fueron Geschichte, Politik und ihre Didaktik (1972), impulsada por la asociación de docentes de historia de Renania Norte-Westfalia, y Geschichtsdidaktik. Probleme, Projekte, Perspektiven (1976). A ellas se unieron, a partir de los años ochenta, otras publicaciones didácticas vinculadas a los centros de investigación, por ejemplo el Georg-Eckert-Institut, o a las nuevas asociaciones y grupos profesionales que se fueron generando en estos años. Una detallada enumeración de estas publicaciones, tanto hemerográficas como bibliográficas, puede verse en el ya citado artículo (nota 3) de Hans Süssmuth: "Federal Republic of Germany...", pp. 200-222.
[6] . Jörn Rüsen: "El libro de texto ideal. Reflexiones en torno a los medios para guiar las clases de historia" en Iber, nº12, 1997, pág. 81. En este artículo se puede ver una de las concreciones del concepto de "conciencia histórica" en relación con las características específicas de los manuales escolares de historia.
[7] . Véase B. Mütter: "Geschichtsdidaktik als Dimension der Geschichtswissenschaft. Ein Beispiel aus der Lehrbucharbeit (Geschichtsbuch 4)" en Internationale Schulbuchforschung, vol. 14, nº 3 (1992) pp.251-277. La posición de Mütter difiere de aquellos que consideran la didáctica de la historia como una sub-disciplina, sea de la historiografía, sea de la pedagogía, e incluso de aquellos que la consideran una disciplina autónoma ubicada entre la historiografía y la pedagogía. Esto no es óbice para que Mütter acepte, en función de las relaciones interdisciplinares existentes, determinadas aportaciones de la psicología del aprendizaje o de la pedagogía política.
[8] . Véase el libro de Nicola Gallerano (ed.): L´Uso pubblico della storia. Milano, Franco Angeli, 1995, en el que se recoge este debate desde una amplia variedad de posiciones.
[9] . Tres de las más importantes revistas dedicadas a la didáctica alemana de la historia son, en primer lugar, Geschichte in Wissenschaft und Unterricht, impulsada por la asociación alemana del profesorado de historia y que puede ser considerada la publicación más clásica y partidaria de una didáctica muy conectada a la historiografía académica. En segundo lugar, Geschichte lernen, que tiene un enfoque más práctico, aunque dedica una parte importante de cada número al análisis de un tema de debate teórico. Finalmente, Geschichte. Erziehung. Politik., que es la más próxima a los planteamientos de la didáctica germano-oriental de la historia. El manual de didáctica de la historia más usado es el editado por K. Bergmann, K. Fröhlich, A. Kuhn, J. Rüsen y G. Schneider: Handbuch der Geschichtsdidaktik. Su primera edición es de 1979 y en 1997 apareció la quinta, muy renovada, publicada por la editorial Kallmeyersche. La presencia de autores de proveniencia germano-oriental entre los más de 70 colaboradores de esta última edición es casi nula.
[10] . Una visión armonizadora de esta misma situación puede encontrarse en Bernd Mütter: "West, East and the United Germany" en Karl Pellens; Siegfried Quandt y Hans Süssmuth (eds.): Historical culture-Historical communication. International bibliography. Frankfurt, Moritz Diesterweg, 1994, pp. 223-242. Este mismo autor ha vuelto a insistir en la necesidad de lograr una complementariedad de ambas didácticas en su reciente artículo: "Die Wiedervereinigung Deutschlands als Herausforderung an die Geschichtsdidaktik" en Information. International Society for History Didactics, 1998, vol.19, nº1, pp.66-82. Una visión contrastada de la evolución de la didáctica de la historia en las dos partes de Alemania y de la "nueva identidad alemana" en su relación con Europa y con el resto del mundo puede verse en Uwe Uffelmann (ed.): Historisches Lernen im vereinten Deutschland. Nation-Europa-Welt. Weinheim, Deutscher Studien Verlag, 1994.
[11] . Otro importante representante de esta propuesta didáctica es K.E. Jeismann, que compendia esta interrelación de la dimensión temporal, inmersa en el concepto de conciencia histórica, con la expresión "interpretación del pasado, percepción del presente y expectativas del futuro". Parece bastante obvia la influencia que las formulaciones del llamado "giro lingüístico", impulsadas por H. White o P. Ricoeur, ha ejercido sobre este concepto de "competencia narrativa".
[12] . Para una visión más detallada de la argumentación de J. Rüsen puede verse su artículo: "Historische Sinnbildung durch Erzählen" en Internationale Schulbuchforschung, vol.18, 1996, nº 4, pp. 501-543.
[13] . Una de las publicaciones alemanas más completa sobre esta temática es la coordinada por Bernd Mütter y Uwe Uffelmann: Emotionen und historisches Lernen. Forschung-Vermittlung-Rezeption. Braunschweig, Eckert-Institut, 1996 (la primera edición es de 1992). Una de las variantes de este amplio tema lo han sido los abundantes estudios sobre la "Fremdenfeindlichkeit" (la enemistad hacia los extraños-extranjeros) y sus variantes escolares. Una buena muestra de los distintos enfoques planteados al respecto puede verse en el número monográfico de la revista del Georg-Eckert-Institut: Internationale Schulbuchforschung, vol. 15 (1996), nº 2-3.
[14] . Bodo von Borries-J. Rüsen, eds.: Geschichtsbewusstsein im interkulturellen Vergleich. Zwei empirische Pilotstudien. Pfaffenweiler, Centaurus, 1994.
[15] . Gerda von Staher (1998): "Didáctica de la historia y enseñanza de la historia en la Alemania unificada" en Con-ciencia social, nº 2, pp. 139-141.
[16] . El máximo representante de esta linea empírica de estudios es Bodo von Borries. A equipos de investigación dirigidos por él se deben una larga serie de publicaciones de estas características. Destacaremos dos de ellas. Una, de dimensiones interalemanas (B. von Borries et al.: Kindlich-jugendliche Geschichtsverarbeitung in West- und Ostdeutschland 1990. Ein empirischer Vergleich. Pfaffenweiler, Centaurus, 1992) y otra, de ámbito europeo (M. Angvik y B. von Borries, eds.: Youth and History. A comparative European survey on historical consciousness and political attitudes among adolescents. Hamburg, Körber-Stiftung, 1997), que es el más amplio estudio empírico realizado hasta el presente. Su base estadística la constituyeron 31.000 alumnos y 1.200 profesores provenientes de un conjunto de 27 paises. El análisis de las respuestas obtenidas aún continua.
[17] . B. Mütter: "West, East and the United Germany..." pp.236-237.
[18] . Su revista trimestral, Internationale Schulbuchforschung, es, sin duda, una de las más prestigiosas dentro de este campo de la investigación sobre los manuales escolares. Este centro publica igualmente una colección de monografías, Studien zur internationalen Schulbuchforschung, en la que se recogen la mayor parte de los debates y nuevas aportaciones de la didáctica alemana de la historia.
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